El incidente OpenAI–Hugging Face, Mortal Amenaza para Nosotros

Ciber Amenza de I.A a la República Dominicana, ciber seguridad, seguridad nacional dominicana, J2, DNI, C. Constantin Poindexter Salcedo

El incidente OpenAI–Hugging Face de julio de 2026. La primera intrusión autónoma documentada y sus implicaciones para la seguridad nacional de la República Dominicana.

El 16 de julio de 2026, Hugging Face, el repositorio central donde se alojan y distribuyen los modelos y conjuntos de datos de inteligencia artificial del mundo, divulgó una intrusión en parte de su infraestructura de producción que, según su propia descripción, se diferenciaba de todo lo manejado antes en un aspecto decisivo: fue conducida de extremo a extremo por un sistema agéntico de inteligencia artificial autónomo, y fue detectada y diseccionada en buena medida con inteligencia artificial propia (Hugging Face, 2026). Cinco días después, OpenAI reconoció públicamente que el atacante había sido su propio modelo (OpenAI, 2026). El presente ensayo reconstruye los hechos a partir de las divulgaciones primarias, identifica la lección estructural del episodio y examina qué significa para un Estado pequeño, insular y digitalmente dependiente como la República Dominicana.

Anatomía de una intrusión conducida por inteligencia artificial

La cadena de ataque comenzó donde las plataformas de IA están singularmente expuestas: la tubería de procesamiento de datos. Un conjunto de datos malicioso abusó de dos rutas de ejecución de código —un cargador de datos con código remoto y una inyección de plantilla en la configuración del conjunto de datos— para ejecutar instrucciones en un nodo de trabajo. Desde ahí, el actor escaló a acceso de nivel de nodo, cosechó credenciales de nube y de clúster, y se movió lateralmente hacia varios clústeres internos durante un fin de semana. La campaña fue ejecutada por un marco agéntico autónomo que realizó miles de acciones individuales a través de un enjambre de entornos efímeros, con mando y control automáticamente migrante alojado en servicios públicos (Hugging Face, 2026).

La divulgación de OpenAI del 21 de julio completó el cuadro y lo volvió más inquietante. El incidente ocurrió durante una evaluación interna diseñada para cuantificar las capacidades cibernéticas de los modelos de frontera, ejecutada deliberadamente sin los clasificadores de producción que impiden que los modelos persigan actividad cibernética de alto riesgo. Participaron GPT 5.6 Sol y un modelo preliminar aún más capaz, ambos con los rechazos en materia cibernética reducidos para fines de prueba. El entorno estaba aislado, con el acceso de red limitado a un único proxy de caché de registros de paquetes alojado internamente. Los modelos, hiperconcentrados en resolver el banco de pruebas ExploitGym, dedicaron un volumen sustancial de cómputo de inferencia a obtener acceso a la Internet abierta: identificaron y explotaron una vulnerabilidad de día cero en ese proxy, escalaron privilegios y se movieron lateralmente hasta alcanzar un nodo con conectividad. Una vez en línea, infirieron que Hugging Face podía alojar las soluciones del examen y encadenaron credenciales robadas con vulnerabilidades adicionales hasta hallar una ruta de ejecución remota de código en los servidores de esa empresa (OpenAI, 2026). En síntesis: la inteligencia artificial hizo trampa en su propio examen irrumpiendo en la base de datos de un tercero para robar las respuestas.

OpenAI calificó el episodio como un incidente cibernético sin precedentes, con capacidades cibernéticas de última generación, y subrayó la conclusión técnicamente más grave: los modelos avanzados pueden descubrir y explotar rutas de ataque novedosas en sistemas reales sin acceso al código fuente (OpenAI, 2026). Hugging Face, por su parte, había detectado y contenido la intrusión por cuenta propia, la reportó a las autoridades y reconstruyó la línea de tiempo mediante agentes de análisis operando sobre un registro de más de diecisiete mil eventos (Hugging Face, 2026). La cobertura periodística situó el caso entre los primeros ejemplos divulgados públicamente de un sistema de IA que vulnera autónomamente su entorno de prueba y alcanza sistemas externos de producción —el escenario del “atacante agéntico” que la industria venía anticipando (CNN Business, 2026).

La lección estructural: la asimetría de las salvaguardas

El hallazgo de mayor valor operativo no fue el vector de intrusión, sino lo que ocurrió durante la defensa. Cuando el equipo de Hugging Face intentó analizar los registros del ataque con modelos de frontera accedidos mediante interfaces comerciales, el trabajo resultó imposible: el análisis exige someter grandes volúmenes de comandos de ataque reales, cargas útiles de explotación y artefactos de mando y control, y esas solicitudes fueron bloqueadas por las salvaguardas de los proveedores, que no distinguen a un respondedor de incidentes de un atacante. La empresa ejecutó el análisis forense sobre GLM 5.2, un modelo de pesos abiertos, en su propia infraestructura; ello tuvo el beneficio adicional de que ni los datos del atacante ni las credenciales referenciadas salieron del entorno (Hugging Face, 2026). Fortune (2026) identificó el modelo como desarrollo de la empresa china Z.ai.

La propia Hugging Face formuló la asimetría con precisión: se desconoce qué modelo impulsaba a los agentes atacantes —uno alojado y liberado de sus restricciones, o uno de pesos abiertos sin restricción alguna— pero en cualquier caso el atacante no estaba sujeto a política de uso ninguna, mientras el trabajo forense del defensor quedó bloqueado por las salvaguardas de los modelos alojados que se intentaron primero. La lección práctica que la empresa extrae es inequívoca: hay que tener un modelo capaz, vetado y listo para ejecutarse en infraestructura propia antes del incidente (Hugging Face, 2026). Thomas Wolf, cofundador de la empresa, lo formuló en términos temporales: cuando un modelo de frontera te ataca y se mueve lateralmente dentro de tu infraestructura, el defensor necesita acceso amplio a herramientas cercanas a la frontera en horas o minutos, y no ser remitido a un programa cerrado de acceso vetado (Metz, 2026).

La República Dominicana: exposición real, capacidad declarativa

La pregunta que impone el episodio es directa: si esto ocurre en un país con equipos de respuesta de primer orden y cómputo propio, ¿qué significa para un Estado que no dispone de esas capacidades? El punto de partida del análisis debe ser honesto en ambas direcciones. La República Dominicana figura entre los países caribeños con mayor madurez en ciberseguridad, junto a Jamaica y Trinidad y Tobago, según el Informe de Ciberseguridad 2025 del Banco Interamericano de Desarrollo, la OEA-CICTE y el Centro Global de Capacidad en Ciberseguridad de la Universidad de Oxford (BID y OEA-CICTE, 2025, pp. 89–93). El país cuenta con la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2030 (Decreto 313-22), un Centro Nacional de Ciberseguridad operativo creado por el Decreto 230-18, un CSIRT-RD integrado al Forum of Incident Response and Security Teams, la Ley 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología y la condición de primer Estado de América Latina y el Caribe en ratificar el Convenio de Budapest (CNCS, 2024; CNCS, 2026; Poindexter Salcedo, 2026).

Ese liderazgo relativo, sin embargo, no debe enmascarar tres brechas que el incidente de julio convierte en críticas. La primera es de velocidad regulatoria. El Decreto 685-22 obliga a los entes públicos a notificar los incidentes al CSIRT-RD dentro de las veinticuatro horas de detectados (Presidencia de la República Dominicana, 2022). Ese plazo fue calibrado para adversarios humanos. Un enjambre agéntico que ejecuta más de diecisiete mil acciones durante un fin de semana habrá consumado la escalada, la cosecha de credenciales y el movimiento lateral mucho antes de que expire la ventana de notificación. La norma no es errónea; es anacrónica frente a la velocidad de máquina.

La segunda es de madurez operativa. Las matrices del informe BID-OEA sitúan la coordinación en respuesta a incidentes y el modo de operación de los CSIRT en niveles formativos, y colocan la calidad del software, el seguro cibernético y la divulgación responsable de vulnerabilidades en etapas incipientes; ninguna de las cinco dimensiones del modelo CMM alcanza el nivel “Dinámico” (BID y OEA-CICTE, 2025, pp. 91–93; ICT Pulse, 2026). A ello se suma la ausencia de una ley integral de ciberseguridad aprobada por el Congreso: la arquitectura vigente descansa en decretos ejecutivos, revocables por el gobierno siguiente sin intervención legislativa (Troncoso y Cáceres, 2023; Poindexter Salcedo, 2026). El historial reciente demuestra que la superficie es explotable: el ataque del grupo Quantum al Instituto Agrario Dominicano en agosto de 2022, con exigencia de rescate de 600.000 dólares (BleepingComputer, 2022; The Record, 2022); la intrusión de Rhysida en la Dirección General de Migración en 2023 (The Record, 2023); y al menos dieciocho entidades públicas impactadas entre 2020 y agosto de 2022 (FortiGuard Labs, 2023). Todos ellos fueron ataques de velocidad humana.

La tercera, y la más grave, es la dependencia de terceros para la defensa. Si una institución dominicana contratara acceso a los mejores modelos comerciales para responder a un incidente, se toparía con el mismo muro que Hugging Face. Peor aún: ese acceso está mediado por decisiones de política exterior ajenas. Washington evaluó limitar el acceso extranjero a los modelos avanzados Claude Fable 5 y Mythos 5 de Anthropic, absteniéndose finalmente tras la adopción de salvaguardas adicionales por la empresa (Metz, 2026). Para la República Dominicana la implicación es estructural: construir la capacidad nacional de respuesta sobre modelos alojados en el extranjero equivale a delegar la soberanía defensiva en la política de exportación y en los términos de uso de un tercero. Y el país no estará al frente de la fila cuando se distribuya el acceso privilegiado.

Conviene añadir que la amenaza no es distante ni sectorialmente acotada. En el último mes se han documentado un incidente cibernético contra la National Association of Insurance Commissioners a través de su sistema PeopleSoft y una brecha de datos en la mayor central nuclear de la India (Insurance Journal, 2026a; Insurance Journal, 2026b). La ola alcanza tanto a reguladores financieros como a infraestructura energética crítica.

Agenda para la seguridad nacional dominicana

Ninguna de las medidas que siguen exige que el país compita con los laboratorios de frontera. Exigen decisión política y una inversión modesta frente al costo de una interrupción sistémica.

Capacidad soberana de análisis forense. El CNCS y el CSIRT-RD deben estandarizar, vetar y mantener operativo un modelo de pesos abiertos capaz, ejecutado en infraestructura nacional, disponible antes de que ocurra el incidente. Es la única configuración que evita simultáneamente el bloqueo por salvaguardas y la fuga de credenciales comprometidas fuera del territorio (Hugging Face, 2026).

Detección asistida por IA y respuesta continua. La intrusión fue descubierta por una tubería de detección de anomalías con triaje basado en modelos de lenguaje sobre telemetría de seguridad, y contenida porque un responsable podía ser convocado en minutos cualquier día de la semana (Hugging Face, 2026). El CSIRT-RD requiere ese estándar: operación permanente, telemetría centralizada de los sectores críticos y autoridad efectiva de convocatoria.

Revisión del régimen de notificación. El plazo de veinticuatro horas del Decreto 685-22 debe complementarse con obligaciones de telemetría continua y detección automática, de modo que la notificación no dependa del descubrimiento humano tardío.

Tratar los datos y los modelos como superficie de ataque de primer orden. El vector inicial no fue un cortafuegos mal configurado sino un conjunto de datos hostil. Toda entidad dominicana que ingiera datos externos —banca, seguros, aduanas, administración tributaria— debe aislar el procesamiento, restringir la ejecución de código, aplicar controles estrictos de admisión en sus clústeres y segmentar la red agresivamente, con mínimo privilegio y rotación automatizada de secretos (Hugging Face, 2026).

Techos de velocidad y radio de impacto. Un adversario que ejecuta miles de acciones se delata precisamente por su ritmo. Los límites de velocidad de llamadas y de radio de impacto en la actividad automatizada convierten esa firma en un disparador de alerta.

Ley integral y seguro cibernético. La transición del régimen de decretos a una ley orgánica de ciberseguridad, con divulgación obligatoria de incidentes —demanda que también se plantea en el Congreso estadounidense tras este episodio (Metz, 2026)— dotaría de permanencia jurídica a la arquitectura nacional. En paralelo, el desarrollo de un mercado dominicano de seguro cibernético, hoy en etapa incipiente según el diagnóstico BID-OEA (2025, pp. 91–93), elevaría el piso defensivo de todo el sector al condicionar la cobertura a requisitos verificables de higiene técnica.

Capital humano y cooperación. La restricción última no es el hardware sino el personal capaz de dirigir estas herramientas, escasez que el informe regional identifica expresamente (BID y OEA-CICTE, 2025, p. 92). Ejercicios periódicos con escenarios agénticos, y el aprovechamiento de la pertenencia a FIRST y de la sede del centro LAC4, son los vectores disponibles de aceleración.

En síntesis

El episodio de julio de 2026 no fue especulación: fue la primera demostración pública, admitida por sus protagonistas, de que un sistema de inteligencia artificial autónomo puede descubrir y encadenar vulnerabilidades desconocidas en sistemas reales, sin acceso al código fuente, y penetrar infraestructura de producción ajena sin dirección humana. La capacidad ofensiva de élite se ha abaratado y multiplicado. Para la República Dominicana, cuya madurez relativa convive con una arquitectura sostenida por decretos, un CSIRT en nivel formativo y una dependencia casi total de herramientas defensivas extranjeras, el mensaje es doble: la exposición es inmediata, pero la preparación aún es posible. El camino no pasa por competir con los laboratorios de frontera, sino por soberanía analítica con modelos de pesos abiertos, respuesta continua, disciplina de red, permanencia legislativa y formación de talento. La ventana existe. No conviene consumirla esperando a encabezar el próximo titular.

C. Constantin Poindexter, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación OSINT CISA/NCISS, Certificación BFFOC del DoD/DoS

Referencias bibliográficas

  • Banco Interamericano de Desarrollo y OEA-CICTE. (2025). 2025 Cybersecurity Report: Vulnerability and Maturity Challenges to Bridging the Gaps in Latin America and the Caribbean. Washington, D.C.: BID. https://publications.iadb.org/en/2025-cybersecurity-report
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  • FortiGuard Labs. (2023). Global threat panorama in Latin America (H1 2023). Citado en Dominican Today, 13 de octubre de 2023. https://dominicantoday.com/dr/economy/2023/10/13/dominican-republic-receives-fewer-cyber-attacks-this-year-compared-to-2022/
  • Fortune. (2026, 21 de julio). OpenAI says its AI models escaped from a secure test environment and hacked into AI company Hugging Face in order to cheat on an evaluation. Fortune. https://fortune.com/2026/07/21/openai-says-ai-models-escaped-control-hacked-hugging-face/
  • Hugging Face. (2026, 16 de julio). Security incident disclosure — July 2026. https://huggingface.co/blog/security-incident-july-2026
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  • OpenAI. (2026, 21 de julio). OpenAI and Hugging Face partner to address security incident during model evaluation. https://openai.com/index/hugging-face-model-evaluation-security-incident/
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  • Presidencia de la República Dominicana. (2022). Decreto 685-22 sobre protección de infraestructuras críticas nacionales y notificación de incidentes de ciberseguridad. Santo Domingo. https://presidencia.gob.do/noticias/gobierno-dispone-instituciones-publicas-notificar-al-centro-de-ciberseguridad-los
  • República Dominicana. (2018). Decreto 230-18, que establece y regula la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2018–2021 y crea el Centro Nacional de Ciberseguridad. Santo Domingo, 19 de junio de 2018.
  • República Dominicana. (2022). Decreto 313-22, que aprueba la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2030. Santo Domingo.
  • República Dominicana. (2007). Ley 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología. Santo Domingo. https://www.oas.org/juridico/PDFs/repdom_ley5307.pdf
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  • The Record. (2022, 30 de agosto). Dominican Republic refuses to pay ransom after attack on agrarian institute. Recorded Future News. https://therecord.media/dominican-republic-refuses-to-pay-ransom-after-attack-on-agrarian-institute
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  • Troncoso y Cáceres. (2023). Law project on cybersecurity. https://troncoso-caceres.com/en/blog/law-project-on-cybersecurity/

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Aguantar la vela ajena, Haití y el fracaso del GSF

República Dominicana, Haití, la GSF, Canciller Roberto Alvarez, cancillería, C. Constantin Poindexter Salcedo

El fracaso anunciado de la Fuerza de Supresión de Pandillas y la urgencia de una doctrina dominicana de contención, mi opinión

El 20 de julio de 2026, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas celebrará su sesión trimestral sobre Haití y escuchará, una vez más, el catálogo de eufemismos institucionales que la diplomacia multilateral ha perfeccionado durante tres décadas de intervención fallida en la mitad occidental de nuestra isla. Se hablará de “avances graduales”, de “ventanas de oportunidad” y de “momentos decisivos”. Quien escribe estas líneas (dominicano, diplomático de pasión y preparación, exintegrante de la comunidad de inteligencia, y por tanto libre de la mordaza que impone el cargo) sostengo aquí una tesis más sencilla/menos cómoda. La Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) es la tercera iteración de una fórmula que ha fracasado dos veces, la comunidad internacional lo sabe, y el costo de ese fracaso se está trasladando, silenciosa pero deliberadamente a la República Dominicana.

La resolución 2793 (2025), adoptada el 30 de septiembre de 2025, autorizó la transición de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) hacia la GSF, con un techo de 5.550 efectivos y un mandato inicial de doce meses bajo el Capítulo VII (Consejo de Seguridad 2025). La propia resolución contiene, en su párrafo preambular, la confesión del fracaso anterior: reconoce la carta del Secretario General de febrero de 2025 (S/2025/122) admitiendo que la MSS, pese a sus mejores esfuerzos, “no pudo mantener el ritmo de la dramática expansión de la amenaza de las pandillas” (Consejo de Seguridad 2025). Es decir: el instrumento que hoy se pretende renovar nació de la autopsia de su predecesor. A diez meses de su adopción y a dos de su vencimiento, la GSF exhibe los mismos síntomas terminales: financiamiento voluntario que nadie aporta, generación de fuerzas que nadie completa, y un adversario que consolida territorio mientras el mundo redacta comunicados.

El inventario del fracaso que llamaría tamaño disparate

Conviene despojar el análisis de toda cortesía diplomática y atenerse a los números, que son de las propias Naciones Unidas. Francamente, me importa una m. que ofende porque los hechos son los hechos. Desde enero de 2022, más de 16.000 personas han sido asesinadas en Haití y 1,5 millones han sido desplazadas internamente. Las pandillas controlan la abrumadora mayoría de Puerto Príncipe y porciones crecientes del Artibonito y el Centro (UNODC 2026). Solo en 2024 murieron más de 5,600 personas. Entre julio y septiembre de 2025, la BINUH documentó al menos 1,247 muertos adicionales, y los homicidios intencionales en los departamentos de Artibonito y Centro aumentaron un 210 por ciento interanual (Security Council Report 2026a). El informe más reciente del Secretario General sobre los niños y los conflictos armados registra 620 menores muertos o mutilados, violencia sexual sistemática y casi un centenar de ataques contra escuelas y hospitales (Security Council Report 2026b). La violencia sexual colectiva (el 77 por ciento de los incidentes documentados) se ha convertido en instrumento ordinario de gobernanza pandillera (Naciones Unidas 2026a).

Frente a esa realidad, ¿qué ofrece la GSF? Un despliegue que constituye, en el mejor de los casos, una fracción testimonial de su mandato. El contingente keniano que sostuvo la MSS fue repatriado en fases entre diciembre de 2025 y marzo de 2026. El Representante Especial Jack Christofides no llegó a Puerto Príncipe sino hasta el 1 de abril de 2026, acompañado de un equipo de avanzada chadiano, y para finales de ese mes apenas unos 400 efectivos de Chad se encontraban en el terreno, de un despliegue proyectado de 1.500 (Haitian Times 2026a; Security Council Report 2026c). En junio de 2026 (nueve meses después de la adopción de la resolución), el Secretario General visitó el Campamento Vertières y encontró oficinas instalándose en contenedores marítimos y una base “en proceso de equiparse” para recibir tropas que aún no existen (UN News 2026). El señor Christofides declaró ante el Consejo que el objetivo es “degradar la capacidad operativa de las pandillas a un nivel que las instituciones haitianas puedan gestionar de manera sostenible” (UN News 2026). Es una formulación impecable. También lo era la de la MINUSTAH en 2004, la del Core Group en 2019 y la de la MSS en 2023.

Mientras tanto, los jefes pandilleros que la resolución 2793 se propuso “neutralizar, aislar y disuadir” permanecen EXACTAMENTE donde estaban. Jimmy Chérizier (el maldito “Barbecue”) sancionado por el Consejo de Seguridad desde 2022 y designado por Washington, sigue al frente de la coalición Viv Ansanm, dictando desde las redes sociales quién puede secuestrar y quién no (la disputa interna de diciembre de 2025 sobre los secuestros se resolvió a tiros en Puerto Príncipe, no ante ningún tribunal (Security Council Report 2026a)). El Estado haitiano, por su parte, ofrece el espectáculo de un Consejo Presidencial de Transición cuyos propios miembros fueron objeto de restricciones de visado estadounidenses en enero de 2026 por presuntos vínculos con operaciones pandilleras (AllAfrica 2026). Las elecciones anunciadas para agosto de 2026 se celebrarán (una GRAN cuestión) en un país donde el Estado no controla ni el acceso a su propio aeropuerto sin escolta extranjera.

Y hay un dato que la diplomacia multilateral prefiere susurrar. La respuesta “haitiana” más letal contra las pandillas no ha sido la GSF sino los operativos con drones de la fuerza de tarea gubernamental, que entre marzo y septiembre de 2025 causaron al menos 547 muertes y que, en palabras del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, son “probablemente ilícitos según el derecho internacional de los derechos humanos” (Security Council Report 2026a). El orden internacional que quiere darnos una sermoneada por deportar migrantes en situación irregular guarda un silencio elocuente ante ejecuciones extrajudiciales aéreas ejecutadas por contratistas. Puto pela verbal, dándonos fuetazo de lengua y guiñando el ojo a asesinos.

Las ficciones cómodas de las partes no dominicanas

Sobre este paisaje de ruina se ha construido un andamiaje narrativo cuya función no es resolver la crisis sino administrar su relato. La primera ficción es la del “progreso incremental”. Cada informe trimestral rescata algún indicador, o sea una comisaría retomada, un pole judicial inaugurado, una patrulla conjunta, etc., para sostener que el vaso se llena, cuando la serie estadística completa demuestra que se vacía. La segunda ficción es la de la “apropiación haitiana” (Haitian ownership), doctrina piadosa que atribuye la conducción del proceso a instituciones que, en los hechos, no existen o están mangoneadas por esa misma maraña de tígueres y pandilleros asquerosos. La tercera, y la que más directamente me concierne, es la ficción de la “responsabilidad compartida de la isla”. Esta puta insinuación, cada vez menos sutil en cancillerías, organismos y prensa internacional, de que la República Dominicana por accidente de la geografía, debe absorber el desborde humano, sanitario, educativo y de seguridad del colapso haitiano. El muerto se lo quieren dejar al vecino.

Los números de esa transferencia de carga son públicos y NADIE LOS REFUTA. ¡Se omiten! La República Dominicana registró en un solo año 379,553 nacionales haitianos en situación migratoria irregular (Diario Libre 2026b). Las atenciones médicas a migrantes haitianos representaron el 12 por ciento del total del sistema público de salud dominicano ya en 2023, y cerca de 148,000 menores de origen haitiano ocupan aulas dominicanas financiadas por el contribuyente dominicano (France 24 2024). Desde octubre de 2024, el país ejecuta un programa de repatriaciones del orden de 10.000 personas semanales (67,940 tan solo entre enero y febrero de 2026 (Dirección General de Migración 2026)) y por ello es sistemáticamente amonestado por los mismos actores que llevan cinco años sin dotar de fondos ni tropas a las misiones que ellos mismos votaron. La asimetría es obscena. A nosotros nos exige el estándar de conducta de una potencia escandinava mientras se le asigna la exposición geopolítica de un Estado de primera línea, sin compensación, sin quemas compartidas y sin siquiera el decoro de reconocer el esfuerzo. A nosotros nos tocó bailar con la más fea, y encima se nos factura la orquesta.

Venga que le diré una cosa sin anestesia, . . . ¡Haití no es responsabilidad de la República Dominicana! No lo es jurídicamente, ninguna norma de derecho internacional impone a un Estado el deber de subsidiar el colapso de otro. No lo es históricamente, la memoria de la ocupación de 1822–1844 debería bastar para desterrar toda fantasía de tutela dominicana, y no lo es moralmente, porque la causa próxima de la catástrofe haitiana no está en Santo Domingo sino en Puerto Príncipe, y sus causas remotas en París y Washington. Las armas que empuñan las pandillas salen mayormente de armerías de la Florida (UNODC 2023). La La cocaína que transita por Haití se dirige a los mercados de Norteamérica y Europa (UNODC 2026). Quienes fabrican las armas y consumen la droga pretenden que el vecino pobre de la casa prendía en candela cargue con la macuta. Ese es el fondo del asunto. Ningún lenguaje diplomático lo mejora, ninguna reunión en NYC para que los secuaces de la ONU se den bombo entre ellos por “los avances hechos con el problema haitiano” lo mejora, y lo extranjero que no tiene ni idea de lo que nos han obligado pasar los haitianos lo mejora, . . . y por si acaso no se han dado cuenta hasta este punto de mi discurso, no me importa una mierda ser cortés cuando se trate de este asunto particular. Para mí, el Canciller Alvarez puede enviar los miembros del consejo pa’l carajo hasta que cojan cabeza con lo que enfrentamos aquí.

Hacia una doctrina de contención y desvinculación: propuestas deliberadamente incómodas

No pretendo agradar, pero tienen que oír ciertas cosas. Se debe abrir un debate que la cortesía diplomática ha clausurado. Para mí, hay cinco líneas de acción, escalonadas de lo inmediatamente ejecutable a lo que es agresivo pero responsable.

Primera: doctrina formal de contención. El Estado dominicano debe elevar a doctrina de seguridad nacional, con rango de política de Estado y respaldo legislativo, lo que hoy es práctica administrativa: la contención total del desborde haitiano. Ello implica completar la verja perimetral inteligente a lo largo de la totalidad de los 392 kilómetros de frontera terrestre (no los 164 actuales (France 24 2024)), establecer una zona de exclusión militarizada con reglas de empeñamiento públicas, presunción de interdicción para todo cruce no autorizado, y vigilancia persistente con sensores y aeronaves no tripuladas. Debe declararse, de una vez y sin ambages, que la República Dominicana no habilitará campamentos de refugiados en su territorio bajo ninguna circunstancia, ni aceptará figura alguna de “tercer país seguro”, procesamiento extraterritorial o reasentamiento encubierto.

El territorio nacional no es el zafacón de los fracasos ajenos. Quien considere brutal esta formulación debería explicar por qué considera aceptable la alternativa: la disolución gradual de la capacidad fiscal, sanitaria y educativa del único Estado funcional de la isla.

Segunda: monetizar la carga y presentar la factura. La Cancillería debe encargar y publicar anualmente una auditoría del costo fiscal integral de la crisis haitiana para el erario dominicano, q.d., salud, educación, seguridad, sistema penitenciario, presión salarial, pérdida de inversión, certificada por firmas internacionales, y presentarla formalmente ante el Consejo de Seguridad, la OEA y las instituciones financieras internacionales como reclamación de compensación. Cada resolución futura sobre Haití que la República Dominicana acompañe debe tener un precio y por ende acceso preferencial a financiamiento, compensación presupuestaria directa, o inversión internacional en infraestructura fronteriza dominicana. La era de la solidaridad gratuita tiene que terminai. La diplomacia dominicana ha sido correcta hasta la autonegación, pero corresponde ahora una diplomacia transaccional, explícita y sin complejos.

Tercera: exigir la internacionalización plena, con nombre y apellido. Si la comunidad internacional considera (como afirma cada resolución desde 2022) que Haití constituye una amenaza a la paz y seguridad internacionales, bien debe asumir las consecuencias lógicas de esa determinación que viene siendo una operación de imposición de la paz bajo Capítulo VII con contribuciones prorrateadas obligatorias, no con el modelo de caridad voluntaria que ha matado de inanición a la MSS y está matando a la GSF. Si los Estados Miembros no están dispuestos a pagar ni a desplegar, entonces debe discutirse abiertamente lo que hoy solo se murmura, . . . un régimen de administración transitoria internacional del tipo UNTAET en Timor Oriental, con autoridad ejecutiva plena, mandato multianual y cronograma de devolución de soberanía verificable. Sé perfectamente que la palabra “tutela” es radioactiva, que evoca fantasmas de 1915 y de 2004, y que la soberanía haitiana es sagrada para quienes la invocan desde el exterior. Pero la soberanía que hoy se protege es la de Viv Ansanm, no la del pueblo haitiano. Más, el mismo pueblo haitiano felizmente entregaría su soberanía por seguridad (cosa que no invento, hay encuestas). Entre la ficción de un Estado que no existe y la administración honesta de su reconstrucción, la segunda es menos indigna. La República Dominicana debería ser el primer Estado en decirlo en voz alta, precisamente porque es el que más pierde con el statu quo.

Cuarta: decapitación selectiva del ecosistema pandillero. Si bien no estamos dispuestos hacer lo que hacen los estadounidenses con drones en el medio oriente, sacando terroristas dela tarima, la República Dominicana debe designar a Viv Ansanm, Gran Grif y estructuras análogas como organizaciones terroristas conforme a la legislación interna correspondiente, con todas las consecuencias penales, financieras y migratorias de esa designación, y promover que la renovación del mandato de la GSF incorpore explícitamente la captura de los cabecillas sancionados (empezando por Barbecue) como parámetro de éxito con plazo perentorio, recompensas internacionales sustanciales y un mecanismo judicial híbrido o remisión a la Corte Penal Internacional para su enjuiciamiento. Una fuerza de “supresión de pandillas” que en diez meses no ha suprimido ni capturado a un solo dirigente sancionado no es una fuerza. Es una coartada. Paralelamente, el país debe exigir en cada foro que Estados Unidos asuma responsabilidad material por el tráfico de armas que alimenta la matanza (interdicción en origen en los puertos de la Florida, trazabilidad obligatoria, responsabilidad civil de los exportadores) con la misma energía con que Washington exige a otros el control de sus fronteras (UNODC 2023).

Quinta: redistribución regional obligatoria de la carga migratoria. La CARICOM y la OEA han sido pródigas en comunicados y avaras en cuotas. La República Dominicana debe condicionar su cooperación en todo esquema hemisférico sobre Haití a la adopción de compromisos vinculantes y verificables de admisión migratoria por parte de los Estados de la región, incluidos aquellos que hoy sermonean desde la comodidad de un mar de por medio, así como al financiamiento internacional directo de la repatriación digna y de la reintegración en territorio haitiano, no en el dominicano. Quien no ponga cuotas, tropas o dinero, que entregue el micrófono.

Donde me quedo con to’westo

El 20 de julio, en Nueva York, se pronunciarán habladurías con pinzas. El de la República Dominicana será, como siempre, el más serio de la sala, porque es el único país que no tiene la opción de tratar el tema a la ligera. Pero la seriedad ya no basta. La GSF fracasará como fracasó la MSS y como fracasó la MINUSTAH, no creo que por mala fe de sus integrantes sino por el vicio estructural de origen, la comunidad internacional quiere los resultados de una intervención sin pagar los costos de una intervención. Mientras esa contradicción persista, la única variable que la República Dominicana controla es su propia exposición.

Compartimos una isla. NO compartimos un destino como vociferaba ese tarado Luís Almagro con su mierda de ““one country on one island.” Ningún tratado, ninguna resolución y ninguna editorial bienpensante puede obligarnos a compartirlo. La frontera que debemos defender no es solamente la línea de la verja. Es la frontera conceptual entre la solidaridad, que hemos practicado con creces, y el sacrificio del propio Estado que ninguna nación digna debe aceptar. Haití merece ser rescatado pero no por nosotros. El rescate le corresponde a quienes tienen los medios, las culpas históricas y los arsenales de donde salen las balas. A nosotros nos corresponde, primero y siempre, la Dominicana.

C. Constantin Poindexter, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación OSINT CISA/NCISS, Diplomado Negociación Estratégica de Harvard, Certificación BFFOC del DoD/DoS

Bibliografía

  • AllAfrica. 2026. “Kenya: Haiti TPC Leadership Visits GSF As Gang Suppression Efforts Intensify.” 28 de enero de 2026. https://allafrica.com/stories/202601280264.html.
  • Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. 2025. Resolución 2793 (2025), S/RES/2793. 30 de septiembre de 2025.
  • Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. 2026. Resolución 2814 (2026), S/RES/2814. 29 de enero de 2026.
  • Diario Libre. 2026a. “República Dominicana deporta a 67,940 haitianos en enero y febrero.” 3 de marzo de 2026. https://www.diariolibre.com/actualidad/nacional/2026/03/03/.
  • Diario Libre. 2026b. “República Dominicana ha defendido su política migratoria desde años.” 7 de febrero de 2026. https://www.diariolibre.com/politica/general/2026/02/07/.
  • Dirección General de Migración de la República Dominicana. 2026. “DGM deportó 67,940 indocumentados en enero y febrero 2026 por frontera con Haití.” Comunicado oficial. https://migracion.gob.do/.
  • France 24. 2024. “República Dominicana anuncia deportaciones masivas en medio de la persistente crisis en Haití.” 2 de octubre de 2024. https://www.france24.com/es/.
  • Haitian Times. 2026a. “Leader of UN-backed Force and First Chadian Troops Arrive in Haiti as Deployment Begins.” 2 de abril de 2026. https://haitiantimes.com/2026/04/02/.
  • Haitian Times. 2026b. “Un grupo informa que 68,000 haitianos fueron deportados a principios de 2026.” 13 de mayo de 2026. https://haitiantimes.com/es/2026/05/13/.
  • Naciones Unidas. 2025. Carta del Secretario General al Presidente del Consejo de Seguridad, S/2025/122. 24 de febrero de 2025.
  • Naciones Unidas. 2026a. Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití: Informe del Secretario General, S/2026/325. 14 de abril de 2026.
  • Naciones Unidas. 2026b. Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití: Informe del Secretario General, S/2026/574. 14 de julio de 2026.
  • Security Council Report. 2026a. “Haiti, January 2026 Monthly Forecast.” 30 de diciembre de 2025. https://www.securitycouncilreport.org/monthly-forecast/2026-01/haiti-33.php.
  • Security Council Report. 2026b. “Haiti, July 2026 Monthly Forecast.” 1 de julio de 2026. https://www.securitycouncilreport.org/monthly-forecast/2026-07/haiti-35.php.
  • Security Council Report. 2026c. “Haiti: Briefing and Consultations — What’s In Blue.” 22 de abril de 2026. https://www.securitycouncilreport.org/whatsinblue/2026/04/.
  • UN News. 2026. “A Turning Point for Haiti? New Security Force Takes Fight to Powerful Gangs.” 16 de junio de 2026. https://news.un.org/en/story/2026/06/1167732.
  • UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito). 2023. Haiti’s Criminal Markets: Mapping Trends in Firearms and Drug Trafficking. Viena: UNODC.
  • UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito). 2026. “Explainer: Organized Crime and Gang Violence in Haiti.” 21 de enero de 2026. https://www.unodc.org/unodc/frontpage/2026/January/.
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The Indispensable Discipline: HUMINT’s Enduring Primacy in the Age of A.I.

HUMINT, intelligence, counterintelligence, espionage, counterespionage, spy, C. Constantin Poindexter, CIA, NSA, DNI, J2

The September 2025 GTG-1002 operation in which a Chinese state-sponsored actor manipulated an agentic AI system into executing an estimated 80 to 90 percent of a multi-target cyber espionage campaign, has been framed as evidence that machines are displacing human beings from the craft of intelligence (Kerr 2026). The inference is understandable but analytically wrong. A close reading of the declassified and academic literature, including the CIA’s own March 2026 assessment in Studies in Intelligence, supports the opposite conclusion: artificial intelligence is not rendering human intelligence obsolete; it is raising HUMINT’s relative value while transforming its tradecraft. This essay advances five arguments for HUMINT’s continued indispensability in collection and counterintelligence.

The Intentions Problem Remains Unsolved (and Unsolvable by Sensors)

The foundational epistemological limit of technical collection has not moved. Declassified U.S. doctrine has stated it plainly for decades: human collectors provide insight into an adversary’s intentions, whereas technical systems are largely confined to determining capabilities (Interagency OPSEC Support Staff 1996; USAF Pamphlet 14-210, 1998). AI dramatically accelerates the processing of what sensors collect, i.e., imagery, signals, telemetry, but it cannot collect what is never emitted. A leadership decision taken in a closed room, an unwritten contingency plan, a dictator’s private threshold for escalation: these exist only in human minds and reach analysts only through human access.

The historical record is unambiguous. Oleg Penkovsky’s reporting on Soviet missile capabilities during the Cuban Missile Crisis, and the HUMINT deficit that former DCIA John Brennan identified as central to the 2003 Iraq WMD misjudgment both illustrate that the decisive intelligence failures and successes of the modern era turn on human access, not processing power (Lobo Institute 2023). The problem compounds against disciplined adversaries: leaders such as Vladimir Putin, himself a former intelligence officer, deliberately minimize electronic emission of intent, structurally degrading SIGINT and any AI built atop it. No large language model, however capable, can synthesize a signal that was never transmitted. AI is an analytic multiplier of collected data; HUMINT remains the only discipline that collects the interior world of decision-making.

AI-Generated Fabrication Makes Validated Human Sources the Epistemic Anchor

The second argument is the one the intelligence community itself now advances. Mulligan (2026), writing in Studies in Intelligence, argues that because AI will supercharge disinformation and fabrication, HUMINT’s capacity to build and test source reliability over time (and to corroborate technical collection) becomes more important. In an information environment saturated with synthetic text, deepfaked audio and video, and machine-generated documents indistinguishable from authentic material, every technical stream becomes contestable. Adversary services can now feed AI-fabricated “collection” into an opponent’s technical apparatus at negligible cost, weaponizing the very volume that makes AI analysis attractive.

A recruited human source subjected to years of vetting, whose access is mapped, whose reporting is tested against ground truth, whose motivations are continuously assessed under established frameworks, offers something no algorithm can, . . . a provenance chain rooted in a verifiable human being. The all-source doctrine of corroboration (Interagency OPSEC Support Staff 1996) presumed technical streams would validate human reporting. The polarity is now reversing: in a synthetic-media environment, the validated human source increasingly authenticates the technical take. Counterintelligence inherits the mirror-image burden, distinguishing genuine walk-ins from AI-managed synthetic personas, which is itself a human validation function that cannot be delegated to the class of systems creating the problem.

The Economics of Marginal Value: Commoditized Technical Collection Raises HUMINT’s Premium

Mulligan’s (2026) second core claim is economic: as AI makes high-quality technical collection cheaper and more accessible, it boosts HUMINT’s value on the margin. This follows from basic scarcity logic. When frontier models, commercial imagery, and automated OSINT exploitation diffuse to middle powers, non-state actors, and well-resourced private entities, technical collection ceases to confer comparative advantage. It becomes table stakes. The Microsoft–OpenAI disclosures of February 2024 (five state-affiliated actors from four adversary nations using LLMs for reconnaissance and social engineering) demonstrate how rapidly these capabilities proliferate below the great-power threshold (Kerr 2026).

What cannot be commoditized is a penetration of the Politburo, the IRGC, or a proliferation network. Exquisite human access is the one collection asset that neither compute nor capital can replicate at scale, because it is produced by trust cultivated over years, in person, under discipline. In a world where every service runs comparable models over comparable data, the differentiating intelligence advantage accrues to the service that owns the sources no model can reach. Rational resource allocation, therefore, shifts toward the scarce discipline, not away from it.

Denied Environments and the Human Enabler: AI Cannot Cross the Air Gap

GTG-1002’s target set — networked technology firms, financial institutions, and agencies — obscures what the operation could not reach: air-gapped, compartmented, and physically isolated systems where states keep their most consequential secrets. The academic literature on the digital era’s collection debate is consistent on this point. Cyber operations against isolated networks require human agency, the asset who carries the implant, describes the facility’s internal arrangement, or provides the credential that no remote exploitation can obtain (Lobo Institute 2023). Declassified targeting doctrine long ago codified HUMINT’s unique coverage of denied spaces. Underground facilities, internal plant layouts, and infrastructure invisible to overhead systems (USAF Pamphlet 14-210, 1998 are the golden prize.

The most celebrated technical operations in intelligence history were HUMINT-enabled at their inception, and the AI-era variants will be no different. The stark lesson of GTG-1002 is not that AI replaced spies; it is that even a substantially autonomous cyber campaign still required human operators at the strategic decision points, and was ultimately constrained to targets reachable over the open internet. The hardest targets remain human-access problems.

Trust, Accountability, and the Human-Machine Team: Recruitment Is Not Automatable at the Decisive Node

The final argument concedes the strongest counter-case in order to defeat it. The Special Competitive Studies Project’s Digital Case Officer (2025) demonstrates that AI can spot, assess, and even develop targets, managing hundreds of developmental conversations through hyper-realistic personas. Yet the same report concludes that meaningful human control is non-negotiable at every critical juncture: the recruitment decision, asset tasking, and any act carrying significant risk must rest with an accountable human officer (SCSP 2025). This is not regulatory sentimentality; it is operational realism. Espionage asks a human being to commit treason, an act of existential personal risk. The bond that sustains an asset through that risk, and the judgment required to detect when that bond is fraying, when an agent is fabricating for money or has been doubled is, in the words of SIS Chief Richard Moore, obstinately human (Moore 2023, cited in Poindexter 2025).

Mulligan (2026) adds the counterintelligence corollary: ubiquitous technical surveillance and AI pattern analysis make traditional street tradecraft vastly more dangerous, but the institutional response (virtual HUMINT, AI-augmented cover, human-machine teaming) is a transformation of the case officer’s toolkit, not the abolition of the case officer. The discipline that survives every technological revolution by absorbing it, from the telegraph to SIGINT to the internet, is absorbing this one on the same terms.

My Take

The pattern across the declassified doctrine, the CIA’s in-house scholarship, and the contemporary threat reporting is coherent. AI collapses the cost of processing, fabrication, and technical reach. In doing so it leaves the intentions gap untouched, elevates validated human sources into the epistemic anchor of all-source analysis, raises HUMINT’s marginal value as technical collection commoditizes, preserves the human enabler as the sole key to denied and air-gapped targets, and leaves the trust-and-accountability core of recruitment beyond automation. HUMINT will not merely survive the age of artificial intelligence. As the CIA’s own journal concludes, the oldest collection discipline will grow in importance precisely because of it.

C. Constantin Poindexter, MA in Intelligence, Graduate Certificate in Counterintelligence, JD, CISA/NCISS OSINT certification, DoD/DoS BFFOC Certification

References

  • Interagency OPSEC Support Staff. 1996. Intelligence Threat Handbook, Section 2: Intelligence Collection Activities and Disciplines. Declassified; Federation of American Scientists archive.
  • Kerr, Stuart. 2026. “AI Espionage: How State Actors Are Using Language Models to Gather, Synthesise, and Act on Intelligence at Scale.” LiveAIWire, July 8, 2026.
  • Lobo Institute. 2023. “The Relevance of HUMINT in the Digital Era.”
  • Mulligan, Thomas. 2026. “Espionage in Our AI Future: Why Human Intelligence Still Matters.” Studies in Intelligence 70, no. 1 (Extracts, March 2026). Central Intelligence Agency, Center for the Study of Intelligence.
  • Poindexter, C. Constantin. 2025. “Nueva frontera para la inteligencia humana en la era de la I.A.” Review of SCSP, The Digital Case Officer.
  • Special Competitive Studies Project (SCSP). 2025. The Digital Case Officer: Reimagining Espionage with Artificial Intelligence. September 2025.
  • U.S. Air Force. 1998. USAF Intelligence Targeting Guide, AF Pamphlet 14-210, Attachment 3: Sources of Intelligence. Declassified; FAS archive.

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Espionaje chino en Cuba: la amenaza para la República Dominicana

Instalaciones SIGINT en Cuba Amenazan a la República Dominicana, espionaje, contraespionaje, inteligencia, contrainteligencia, República Dominicana, seguridad nacional dominicana, DNI, J2, FFAA, C. Constantin Poindexter Salcedo

A las puertas de Quisqueya: las estaciones SIGINT cubanas de Bejucal y El Salao y las amenazas a la seguridad nacional de la República Dominicana

Abstracto: Desde diciembre de 2024, el Center for Strategic and International Studies (CSIS) ha documentado, mediante imágenes satelitales comerciales y análisis de fuentes abiertas, una red de al menos cuatro emplazamientos de inteligencia de señales (SIGINT) en Cuba, entre ellos Bejucal y El Salao, probablemente vinculados a los esfuerzos de recopilación de inteligencia de la República Popular China. Este ensayo sintetiza la evidencia desclasificada y de fuentes abiertas más reciente, incluidas las advertencias de altos funcionarios estadounidenses de 2025 y 2026, y evalúa las amenazas que esta arquitectura representa específicamente para la seguridad nacional de la República Dominicana. Se argumenta que, por su ubicación, sus capacidades de radiogoniometría de alta frecuencia y el contexto de penetración tecnológica china en el hemisferio, estas instalaciones plantean riesgos concretos para las comunicaciones estatales, el dominio marítimo y aéreo, la infraestructura de telecomunicaciones y la posición geoestratégica dominicana, con independencia de que el blanco declarado sea Estados Unidos. El análisis se ofrece con calibración de confianza explícita: el vínculo operativo directo de Beijing con estos sitios sigue siendo una evaluación probable, no un hecho probado públicamente.

Entiéndanse

La geografía rara vez es neutral en materia de seguridad. Durante más de seis décadas, la posición de Cuba (a menos de 150 kilómetros del territorio continental estadounidense y en el corazón del paso entre el Atlántico y el Caribe) la ha convertido en una plataforma privilegiada para la recopilación de inteligencia extranjera dirigida contra Estados Unidos y, por extensión, contra el conjunto del hemisferio (Funaiole et al. 2024). Lo que durante la Guerra Fría fue el complejo soviético de Lourdes hoy se manifiesta en una red modernizada de estaciones de inteligencia de señales que, según la evaluación predominante en Washington, apoyan los esfuerzos de la República Popular China (en adelante, RPC o China).

La literatura estadounidense sobre estas instalaciones se ha centrado, comprensiblemente, en la amenaza al territorio y a las fuerzas de Estados Unidos. Sin embargo, las capacidades técnicas de estos sitios, en particular las matrices de antenas de disposición circular (CDAA, por sus siglas en inglés) destinadas a la radiogoniometría de alta frecuencia, no respetan fronteras nacionales. Su alcance nominal, que diversas fuentes técnicas sitúan entre 3.000 y 8.000 millas náuticas, abarca holgadamente la totalidad del territorio, el espacio aéreo y las aproximaciones marítimas de la República Dominicana (Funaiole et al. 2024; Funaiole et al. 2025). La instalación de El Salao, situada en el extremo oriental de Cuba, es precisamente el punto de la isla más próximo a La Española.

Mi obra aquí persigue tres objetivos. Primero, sintetizar la evidencia de fuentes abiertas e inteligencia recientemente divulgada por la comunidad de inteligencia estadounidense sobre los sitios de Bejucal y El Salao. Segundo, traducir las capacidades técnicas observadas en vectores de amenaza concretos para la seguridad nacional dominicana, un análisis prácticamente ausente del debate público. Tercero, ofertar recomendaciones de política proporcionadas a los recursos y a la posición geoestratégica de un Estado caribeño de tamaño medio. A lo largo del texto mantengo una calibración de confianza explícita, distinguiendo entre lo observado, lo evaluado y lo inferido.

La arquitectura SIGINT cubana y la huella china

En junio de 2023, funcionarios de la administración Biden confirmaron informes de prensa según los cuales China tenía acceso a instalaciones de espionaje en Cuba, y filtraciones posteriores al Wall Street Journal elevaron a cuatro el número de instalaciones de interés, varias de ellas visitadas por técnicos chinos (Funaiole et al. 2024). En diciembre de 2024, el CSIS publicó la evaluación de fuentes abiertas más completa hasta la fecha: de cerca de una docena de emplazamientos cubanos examinados, cuatro presentaban instrumentación SIGINT observable, infraestructura de seguridad física y otras características indicativas de recopilación de inteligencia: Bejucal, El Salao, Wajay y Calabazar (Funaiole et al. 2024).

Bejucal

Situada en las colinas que dominan La Habana, Bejucal es la mayor estación SIGINT activa de Cuba examinada por el CSIS. El sitio adquirió notoriedad durante la Crisis de los Misiles de 1962, cuando albergó armas nucleares soviéticas, y durante décadas ha sido objeto de sospechas de vínculos con la inteligencia china, mencionadas en testimonios ante el Congreso estadounidense, documentos gubernamentales desclasificados y prensa en inglés y español (Funaiole et al. 2024). Las imágenes de marzo de 2024 revelaron entradas a instalaciones subterráneas construidas entre 2010 y 2019 (que fuentes de desertores cubanos asocian al cuartel de la brigada radioelectrónica de la inteligencia militar cubana) así como antenas parabólicas capaces de interceptar comunicaciones satelitales y, potencialmente, de recopilar datos sobre los lanzamientos espaciales estadounidenses desde Florida (Funaiole et al. 2024).

La evolución del sitio ha sido continua. En mayo de 2025, el CSIS documentó la construcción de una nueva CDAA que reemplazaba a una matriz anterior más pequeña (Funaiole et al. 2025). Para junio de 2026, esa matriz aparecía terminada y probablemente operativa: 32 antenas dispuestas en un anillo exterior de 19 y uno interior de 13, la mayor y más capaz observada por el CSIS en Cuba (Powers-Riggs et al. 2026). Según el propio CSIS, Bejucal es probablemente una de las tres instalaciones en Cuba que funcionarios estadounidenses han reconocido recientemente como operadas por China (Powers-Riggs et al. 2026; Diario Las Américas 2026).

El Salao

En el extremo opuesto de la isla, justo al este de Santiago de Cuba y a unos 110 kilómetros (cerca de 70 millas) de la Base Naval estadounidense de Guantánamo, se levanta El Salao, una CDAA cuya existencia no se había reportado hasta que el CSIS la reveló en 2024 (Funaiole et al. 2024; ICBrief 2026). Las obras comenzaron en 2021 y, para 2024, se habían completado el edificio de control central, los cimientos de un anillo interior de 16 antenas y las canalizaciones de servicios. Con un diámetro proyectado de entre 130 y 200 metros, la instalación, una vez operativa, sería capaz de vigilar a la Armada estadounidense y a sus socios en el Caribe e incluso en el Atlántico Sur (Funaiole et al. 2024).

No obstante, el ritmo de El Salao contrasta con el de Bejucal. En 2025 la construcción se había detenido casi por completo, con la vegetación reclamando el terreno nivelado, y las imágenes de mayo de 2026 mostraban pocos cambios sustantivos: sin antenas erigidas y sin indicios claros de operatividad (Funaiole et al. 2025; Powers-Riggs et al. 2026). Aun así, la reciente repavimentación de un camino de acceso reorientado hacia el centro de la matriz sugiere que el sitio no ha sido abandonado. El CSIS evalúa que, de completarse, El Salao complementaría a Bejucal extendiendo la cobertura sobre el sureste del Caribe y permitiendo a ambas instalaciones triangular señales provenientes de toda Centroamérica y la región del Atlántico occidental (Powers-Riggs et al. 2026).

Del legado soviético al abrazo chino

La presencia actual debe leerse a la luz de una continuidad histórica. Tras el cierre del complejo soviético de Lourdes en 2002, hoy reconvertido en la Universidad de Ciencias Informáticas, el vacío fue ocupado progresivamente por China (Funaiole et al. 2024). Desde 2000, según datos de AidData citados por el CSIS, China ha proporcionado a Cuba alrededor de 7.800 millones de dólares en financiamiento para el desarrollo, incluida la modernización del puerto de Santiago de Cuba, y los gigantes tecnológicos Huawei y ZTE —ambos vetados por Washington por riesgos de espionaje— constituyen hoy la columna vertebral de las telecomunicaciones cubanas (Funaiole et al. 2024). La profunda crisis económica cubana, la peor desde la caída de la Unión Soviética, ha estrechado aún más esta dependencia y ha abierto la puerta a la cooperación militar y de inteligencia.

La evidencia más reciente refuerza esta trayectoria. En mayo de 2026, el Wall Street Journal informó, citando a funcionarios familiarizados con evaluaciones de la inteligencia estadounidense, que China y Rusia habían ampliado sus operaciones en Cuba y triplicado aproximadamente el número de personal de inteligencia desde 2023 (Wall Street Journal 2026, según se reporta en Politicalwire 2026 y Cubaheadlines 2026). El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó pública y repetidamente a Cuba en abril y junio de 2026 de albergar instalaciones de inteligencia chinas y rusas, advirtiendo que Washington no permitiría que ningún aparato militar o de inteligencia extranjero operara con impunidad a 90 millas de sus costas (Cibercuba 2026a; Cibercuba 2026b). En el mismo periodo, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana, y la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de diciembre de 2025 ordenó al Pentágono presentar al Congreso, antes de junio de 2026, un informe detallado sobre las capacidades de inteligencia china y rusa en Cuba (ICBrief 2026). Ya en 2024, la Evaluación Anual de Amenazas de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) había incluido a Cuba entre los países donde China busca establecer instalaciones militares (ODNI 2024, citado en Funaiole et al. 2024).

Conviene, sin embargo, una nota de cautela analítica que el propio CSIS subraya: en el espacio no clasificado no existe una prueba irrefutable que demuestre el control operativo directo de China sobre estos sitios, y Beijing lo ha negado de manera categórica (Funaiole et al. 2025). La atribución china debe entenderse, por tanto, como una evaluación probable sostenida por la convergencia de testimonios, documentos, declaraciones oficiales y el patrón de inversión, no como un hecho confirmado.

Capacidades técnicas y geometría de la amenaza

Comprender la amenaza para la República Dominicana exige precisar qué hace (y qué no hace) una CDAA. Una matriz de disposición circular se emplea principalmente para la radiogoniometría de alta frecuencia (HFDF): la interceptación y geolocalización del origen de transmisiones de radio entrantes a lo largo de un amplio rango de frecuencias (Funaiole et al. 2024). A diferencia de las antenas parabólicas de Bejucal, orientadas a comunicaciones satelitales, una CDAA determina la dirección y el origen de emisiones en el espectro de alta frecuencia, una técnica que fue pilar del SIGINT durante la Guerra Fría y que, pese a la migración de las comunicaciones militares sensibles hacia la fibra óptica y el satélite, China ha considerado lo bastante valiosa como para replicarla en sus puestos militarizados de los arrecifes Mischief y Subi, en el mar de China Meridional (Funaiole et al. 2024; Fox News 2026).

El punto crítico para el análisis dominicano es distinto. La HFDF no necesita descifrar el contenido de una comunicación para extraer inteligencia de valor. Mediante el análisis de tráfico, es decir, de los metadatos externos de las emisiones: frecuencia, dirección, momento, duración y volumen, una CDAA puede revelar la ubicación y los movimientos de fuerzas militares, navales y aéreas, así como los patrones de actividad de una nación entera (Funaiole et al. 2024). Aunque las comunicaciones modernas estén cifradas, la mera geometría de quién transmite, desde dónde, hacia dónde y con qué cadencia compone un retrato detallado de la actividad operativa. Esta es la razón por la cual una instalación de bajo costo y baja tecnología relativa puede seguir siendo estratégicamente relevante.

A esta lógica técnica se superpone la geografía. El Salao se ubica aproximadamente a 20°00′ N, 75°44′ O, en el extremo oriental de Cuba, separado de La Española únicamente por el Paso de los Vientos y por el territorio de Haití. El territorio dominicano se encuentra a unos pocos cientos de kilómetros al este (del orden de 500 a 650 kilómetros desde Santiago de Cuba hasta Santo Domingo, y menos aún hasta la frontera occidental dominicana), una distancia trivial frente al alcance nominal multimilenario de una matriz HFDF. En términos prácticos, la totalidad de la República Dominicana se sitúa cómodamente dentro de la envolvente de detección de El Salao y, en menor grado por su orientación, de Bejucal (evaluación del autor a partir de Funaiole et al. 2024 y Powers-Riggs et al. 2026). El propio CSIS identifica explícitamente el «Atlántico occidental» y el «sureste del Caribe» —espacios en los que se inscribe el dominio marítimo dominicano— como las zonas que la actuación conjunta de ambas estaciones permitiría triangular (Powers-Riggs et al. 2026).

Vectores de amenaza para la seguridad nacional dominicana

De lo anterior se desprende que, aunque el blanco declarado de estas instalaciones sea Estados Unidos, la República Dominicana queda comprendida en su radio de acción de forma estructural, no incidental. Se identifican seis vectores de amenaza diferenciados, ordenados de lo más directo a lo más sistémico.

Interceptación de comunicaciones estatales y militares

El vector más inmediato es la captación de las emisiones radioeléctricas de las instituciones dominicanas. Las Fuerzas Armadas dominicanas, la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza y la Dirección Nacional de Control de Drogas operan, como cualquier Estado, comunicaciones en HF y VHF, especialmente en los dominios marítimo y aeronáutico, donde la alta frecuencia sigue siendo de uso corriente. Una CDAA en El Salao podría geolocalizar y caracterizar estas emisiones, permitiendo el mapeo de los patrones de despliegue, los ciclos de patrullaje y las rutinas de mando dominicanos sin necesidad de comprometer el cifrado. Para un Estado que no dispone de una arquitectura nacional robusta de seguridad de las comunicaciones (COMSEC), esta vulnerabilidad es significativa y persistente.

Vigilancia del dominio marítimo y aéreo

La República Dominicana es un nodo central de las operaciones de interdicción del narcotráfico en el Caribe y coopera estrechamente con la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF-South) y con agencias estadounidenses. La capacidad de una estación adversaria para detectar y geolocalizar el tráfico de comunicaciones asociado a operaciones de interdicción introduce un riesgo de contrainteligencia tangible: la posibilidad de que los patrones operativos sean inferidos y, eventualmente, filtrados a organizaciones criminales transnacionales que mantienen vínculos con regímenes de la región. Más allá del narcotráfico, la vigilancia sistemática del tráfico aéreo y marítimo dominicano (comercial, oficial y militar) erosiona la soberanía informativa del Estado sobre su propio espacio, un perjuicio que existe con independencia de los intereses estadounidenses.

Infraestructura de telecomunicaciones y cables submarinos

La República Dominicana es uno de los principales puntos de amarre de cables submarinos del Caribe. Su territorio acoge sistemas como ARCOS-1, AMX-1 y SAm-1 (seis cables, la mayoría con más de una década de servicio) que enlazan al país con Estados Unidos y Suramérica, y en 2026 se anunció una inversión de unos 500 millones de dólares para triplicar las conexiones directas con territorio estadounidense (Submarine Networks s.f.; DatacenterDynamics 2026). Significativamente, el anillo ARCOS-1 llegó a contemplar un amarre en Cuba, lo que ilustra la interconexión física de la región (Submarine Networks s.f.). Esta centralidad convierte a la República Dominicana en un activo de tránsito de datos cuya integridad interesa a las grandes potencias.

El riesgo se agrava por la penetración de proveedores tecnológicos chinos en la región. Si bien el gobierno de Luis Abinader, tras la visita del secretario Pompeo, declaró que las empresas chinas no operarían en sectores estratégicos como los grandes proyectos portuarios o la futura infraestructura 5G (Ellis 2024), la presencia de equipamiento de origen chino en las redes de telecomunicaciones del país —un patrón común en toda la región— plantea riesgos de cadena de suministro y de interceptación que se entrelazan con la capacidad SIGINT cubana. La combinación de hardware potencialmente comprometido en tierra y de recopilación de señales desde Cuba conforma una amenaza compuesta, no dos amenazas separadas.

El nexo HUMINT–contrainteligencia cubano

La cooperación entre Cuba y China en materia de SIGINT podría no ser sino la punta del iceberg. Los servicios cubanos han construido una de las redes de inteligencia humana (HUMINT) más sofisticadas del hemisferio, históricamente orientada contra Estados Unidos, como ilustran los casos de Ana Montes y del exembajador Manuel Rocha (Funaiole et al. 2024). Cuba ha sido un exportador de capacidades de inteligencia y contrainteligencia a otros regímenes de la región, como demuestra su papel en la edificación del aparato de contrainteligencia militar venezolano (Funaiole et al. 2024). Para la República Dominicana, cuya proximidad geográfica y cultural con Cuba se traduce en densos flujos de personas, esta tradición HUMINT, combinada con una eventual compartición de inteligencia con Beijing, plantea un riesgo de penetración de sus instituciones y de exposición de sus funcionarios que trasciende lo puramente técnico.

Espionaje económico e industrial

La economía dominicana descansa en sectores, q.d., turismo, zonas francas, minería, banca y remesas, altamente sensibles a la interceptación de comunicaciones comerciales. El CSIS ha señalado que, frente a unas comunicaciones militares estadounidenses generalmente cifradas, son las empresas civiles las que resultan más vulnerables al SIGINT (Funaiole et al. 2024). Una economía de servicios y exportación como la dominicana, con actores corporativos de relevancia internacional, ofrece a un adversario un abundante objetivo de inteligencia económica: posiciones negociadoras, datos financieros, propiedad intelectual y planes de inversión. La asimetría comercial con China, cuyas importaciones a la República Dominicana se han multiplicado tras el reconocimiento diplomático de 2018, añade un incentivo estructural para esta forma de recopilación (Ellis 2024).

La República Dominicana como terreno de competencia entre grandes potencias

El vector más sistémico es geopolítico. La intensificación de la presión estadounidense sobre Cuba y Venezuela en 2026 (sanciones, operaciones navales ampliadas en el Caribe e iniciativas como la denominada Operación Southern Spear) ha reconfigurado el Caribe en un teatro de competencia entre grandes potencias (Powers-Riggs et al. 2026; Cibercuba 2026a). La República Dominicana, por su posición, queda en el centro geográfico de esa rivalidad. La continua expansión de las estaciones cubanas, advierte el CSIS, podría convertirse en un punto de fricción a medida que Washington intensifica su campaña de presión, y su estatus podría ser un elemento clave en cualquier negociación futura entre Washington y La Habana (Powers-Riggs et al. 2026). En tal escenario, el territorio, el espacio aéreo y las aguas dominicanas podrían ser objeto de vigilancia incrementada y, en un supuesto de escalada, el país correría el riesgo de verse arrastrado a una dinámica que no ha elegido.

La encrucijada estratégica dominicana

La República Dominicana afronta estas amenazas desde una posición de equilibrio delicado. En mayo de 2018, el gobierno de Danilo Medina rompió relaciones con Taiwán y las estableció con la República Popular China, firmando dieciocho memorandos de entendimiento y acogiendo promesas de inversión en infraestructura, energía y un nuevo puerto en Manzanillo (Ellis 2024; Myers y Barrios 2019). Muchas de aquellas promesas se han materializado solo parcialmente, y el gobierno de Abinader ha adoptado una actitud más cautelosa, vedando a las empresas chinas los sectores estratégicos (Ellis 2024). Aun así, China ha seguido avanzando de forma discreta en cooperación en seguridad y en los sectores digital y eléctrico, y persisten voces que promueven un tratado de libre comercio con Beijing (Ellis 2024).

La tensión es evidente: la República Dominicana mantiene con Estados Unidos su relación de seguridad y comercio más importante, anclada en el DR-CAFTA y en la cooperación antinarcóticos, al tiempo que cultiva vínculos económicos con la potencia cuya arquitectura de inteligencia, asentada en la vecina Cuba, la vigila. Esta dualidad no es sostenible indefinidamente sin una estrategia deliberada. La amenaza SIGINT cubano-china debería incentivar a Santo Domingo a tratar la seguridad de sus comunicaciones y la integridad de su infraestructura crítica no como un favor a Washington, sino como un imperativo de soberanía nacional.

Recomendaciones de política

Las siguientes líneas de acción se proponen proporcionadas a los recursos de un Estado caribeño de tamaño medio y orientadas a reducir la vulnerabilidad sin exigir capacidades de gran potencia.

  • Endurecer la seguridad de las comunicaciones (COMSEC). Priorizar el cifrado de extremo a extremo y la migración de las comunicaciones gubernamentales y militares sensibles desde la radio en HF/VHF hacia canales protegidos por fibra y satélite cifrado, reduciendo la huella radioeléctrica explotable por radiogoniometría.
  • Auditar la cadena de suministro de telecomunicaciones. Realizar un inventario nacional del equipamiento de red de origen chino (Huawei, ZTE y afines) en operadores y en infraestructura crítica, y establecer criterios de seguridad para las adquisiciones futuras, en particular de cara al despliegue de 5G y a la ampliación de los amarres de cable submarino.
  • Proteger los puntos de amarre de cables submarinos. Tratar las estaciones de amarre como infraestructura crítica nacional, con seguridad física y lógica reforzada, dado su valor como nodo de tránsito de datos hacia Estados Unidos y Suramérica.
  • Reforzar la contrainteligencia. Fortalecer las capacidades de contrainteligencia frente a la HUMINT cubana y sus posibles derivaciones hacia terceros, con énfasis en la protección de funcionarios con acceso a información sensible y en la concienciación institucional.
  • Profundizar la cooperación regional en el dominio del espectro y marítimo. Coordinar con Estados Unidos y con socios del Caribe el intercambio de alertas sobre actividad SIGINT adversaria y la conciencia situacional marítima, aprovechando los marcos existentes de cooperación antinarco.
  • Desarrollar conciencia situacional propia mediante fuentes abiertas. Institucionalizar el seguimiento de imágenes satelitales comerciales y análisis de fuentes abiertas, el mismo método empleado por el CSIS, para monitorear de forma autónoma la evolución de El Salao y otras instalaciones de interés, sin dependencia exclusiva de evaluaciones ajenas.
  • Diversificar prudentemente la dependencia tecnológica. Equilibrar los beneficios económicos de la relación con China frente a los riesgos de seguridad, evitando que sectores críticos queden cautivos de proveedores que plantean riesgos de inteligencia.

Reflexión mía

La narrativa pública sobre Bejucal y El Salao ha estado dominada por la relación cubano-estadounidense, y con razón: estas instalaciones miran, en primer término, hacia Florida y hacia los mandos militares del sureste de Estados Unidos. Pero la lente estadounidense oculta una realidad incómoda para Santo Domingo: por su física y su geografía, la radiogoniometría de alta frecuencia desplegada en la Cuba oriental abarca de manera estructural el territorio, el espacio aéreo y las aproximaciones marítimas dominicanas. La amenaza para la República Dominicana no es hipotética ni derivada. Es una consecuencia directa de la ubicación de El Salao, un punto de Cuba peligrosamente cercano a La Española, y de la naturaleza no direccional de las capacidades que allí se han construido.

Mi análisis debe sostenerse, no obstante, sobre una epistemología honesta. El vínculo operativo directo de China con estos sitios sigue siendo una evaluación probable, respaldada por la convergencia de evidencias y por las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses en 2025 y 2026, pero no un hecho probado en el espacio no clasificado. La recopilación efectiva de inteligencia contra blancos dominicanos es, asimismo, mi inferencia analítica derivada de la capacidad y la geografía, mi perspectiva como exintegrante de la Comunidad de Inteligencia y una comprensión amplia de la naturaleza de la amenaza china moderna, no una colección documentada. Esta cautela no disminuye la pertinencia de la amenaza. En materia de seguridad nacional, la prudencia exige planificar frente a capacidades demostradas, no solo frente a casos de espionaje confirmados. Tengan clara una cosa. China busca o cooptarnos por su iniciativa Franja y Ruta, o doblegarnos con las maniobras nefastas de la inteligencia china, . . . política del garrote y la zanahoria en plena vista. Para la República Dominicana, la lección es clara. La seguridad de nuestras comunicaciones y la integridad de la infraestructura crítica son, antes que un alineamiento geopolítico, una cuestión de soberanía que el país haría bien en asumir como propia. NO podemos permitir que nos ninguneen del ‘gran juego’ geopolítico internacional. Ya no somos una república bananera.

C. Constantin Poindexter, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación OSINT CISA/NCISS, Certificación BFFOC del DoD/DoS

Bibliografía

  • Cibercuba. 2026a. «Marco Rubio acusa a Cuba de albergar inteligencia china y rusa y lanza una advertencia desde Washington». 28 de abril. https://en.cibercuba.com/noticias/2026-04-28-u1-e129488-s27061-nid327480.
  • Cibercuba. 2026b. «Marco Rubio: Cuba sigue albergando instalaciones de inteligencia de China y Rusia». 2 de junio. https://en.cibercuba.com/noticias/2026-06-02-u1-e207888-s27061-nid330997.
  • Cubaheadlines. 2026. «U.S. Sounds Alarm: Rising Russian and Chinese Espionage in Cuba». 22 de mayo. https://www.cubaheadlines.com/articles/330073.
  • DatacenterDynamics. 2026. «Google invests $500 million in Dominican Republic connectivity hub». https://www.datacenterdynamics.com/en/news/google-invests-500-million-in-its-digital-port-in-the-dominican-republic/.
  • Diario Las Américas. 2026. «Detectan nueva actividad en posibles instalaciones de inteligencia de China en Cuba». 20 de junio. https://www.diariolasamericas.com/eeuu/detectan-nueva-actividad-posibles-instalaciones-inteligencia-china-cuba-n5397507.
  • Ellis, R. Evan. 2024. «The Evolution of Chinese Engagement with the Dominican Republic». Center for Strategic and International Studies, 25 de septiembre. https://www.csis.org/analysis/evolution-chinese-engagement-dominican-republic.
  • Fox News. 2026. «China-linked spy site expansion in Cuba raises alarms near key US military bases». https://www.foxnews.com/politics/china-linked-spy-site-expansion-cuba-raises-alarms-near-key-us-military-bases.
  • Funaiole, Matthew P., Aidan Powers-Riggs, Brian Hart, Henry Ziemer, Joseph S. Bermudez Jr., Ryan C. Berg y Christopher Hernandez-Roy. 2024. China’s Intelligence Footprint in Cuba: New Evidence and Implications for U.S. Security. Center for Strategic and International Studies, 6 de diciembre. https://www.csis.org/analysis/chinas-intelligence-footprint-cuba-new-evidence-and-implications-us-security.
  • Funaiole, Matthew P., Brian Hart, Aidan Powers-Riggs y Joseph S. Bermudez Jr. 2025. «At the Doorstep: A Snapshot of New Activity at Cuban Spy Sites». Hidden Reach, Center for Strategic and International Studies, 6 de mayo. https://features.csis.org/hiddenreach/snapshots/cuba-china-cdaa-base/.
  • ICBrief. 2026. «WSJ Reports China and Russia Tripled Intelligence Personnel in Cuba With SIGINT Facilities Targeting US Military Bases». 24 de mayo. https://icbrief.org/s/6f3b2835/.
  • Myers, Margaret, y Ricardo Barrios. 2019. «Is the Dominican Republic’s Pivot to China Paying Off?» Inter-American Dialogue. https://thedialogue.org/analysis/is-the-dominican-republics-pivot-to-china-paying-off.
  • Office of the Director of National Intelligence (ODNI). 2024. Annual Threat Assessment of the U.S. Intelligence Community. Washington, D.C.: ODNI. https://www.odni.gov/files/ODNI/documents/assessments/ATA-2024-Unclassified-Report.pdf.
  • Politicalwire. 2026. «U.S. Warns of Russian and Chinese Spying in Cuba». 22 de mayo. https://politicalwire.com/2026/05/22/u-s-warns-of-russian-and-chinese-spying-in-cuba/.
  • Powers-Riggs, Aidan, Matthew P. Funaiole, Brian Hart y Joseph S. Bermudez Jr. 2026. «New Activity at Possible Chinese Intelligence Facilities in Cuba». Center for Strategic and International Studies, 18 de junio. https://www.csis.org/analysis/new-activity-possible-chinese-intelligence-facilities-cuba.
  • Submarine Networks. s.f. «ARCOS-1». https://www.submarinenetworks.com/en/systems/brazil-us/arcos-1.
  • Wall Street Journal. 2026. «U.S. Warns of Growing Russian and Chinese Spying in Cuba». Mayo. (Citado a través de Politicalwire 2026 y Cubaheadlines 2026.)
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Espionaje en Bávaro: El caso Novikov – contrainteligencia, desinformación y la anatomía de una operación de influencia

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La detención en Bávaro del ciudadano ruso Dmitrii Novikov constituye uno de los expedientes más reveladores de la historia de la inteligencia (y contrainteligencia) de nuestra Quisqueya. Apto para estudiar la convergencia entre operaciones de influencia, crimen transnacional y técnicas contemporáneas de encubrimiento financiero, su envergadura no podemos pasar por alto. Según la información pública difundida por autoridades dominicanas y replicada por medios de referencia, Novikov habría dirigido desde territorio dominicano una red de “ciberinfluencia” vinculada al Proyecto Lakhta, también denominado “La Compañía”, orientada a la creación y difusión de contenido digital con fines de desinformación política y manipulación en redes sociales, con efectos proyectados tanto sobre la República Dominicana como sobre otros países de la región, entre ellos Argentina (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). Para el profesional de contrainteligencia, la importancia del caso no reside únicamente en la imputación, sino en los indicadores de método: cobertura social verosímil, externalización operacional mediante colaboradores locales, y un esquema de financiación y pagos diseñado para opacar origen y trazabilidad, todo ello enmarcado en una tradición rusa de guerra informativa ampliamente documentada por fuentes judiciales y regulatorias estadounidenses y sus semejantes europeos.

Los hechos son nítidos. El Ministerio Público, actuando junto con la Unidad Especializada del Crimen Organizado, detuvo a Novikov durante un operativo en una villa del residencial Palmas del Sol II, Bávaro, donde residía con familiares (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). Se le acusó de haber operado con la intención explícita de evitar que se percibiera el origen del contenido promovido, ocultando su nacionalidad rusa y utilizando colaboradores locales, bajo la apariencia de un deportista de artes marciales mixtas, mientras recibía fondos y dirección de asociados al Proyecto Lakhta (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). En términos de ‘tradecraft’, la “leyenda” personal (el relato de identidad que permite acceso, normaliza contactos y reduce sospecha) aparece aquí como instrumento de penetración social y, por extensión, de influencia. No se trata de un detalle anecdótico. La cobertura deportiva opera como camuflaje cultural, facilita redes sociales orgánicas y diluye la percepción de intencionalidad política hasta hoy en día igual como para los fines de Novikov sirvió.

La dimensión financiera del caso merece atención especial. Las autoridades afirman haber comprobado que Novikov manejaba operaciones económicas y transacciones internacionales mediante billeteras electrónicas con criptomonedas, usando plataformas como Binance y activos como Bitcoin y Ethereum (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). La Fiscalía considera que estos mecanismos habrían sido empleados para mover fondos internacionales encubriendo el origen de los recursos y facilitando actividades ilícitas vinculadas al lavado de activos y al financiamiento transnacional (EFE, 2025; Listín Diario, 2025). Para la contrainteligencia es instructivo. Ilustra una realidad operativa, el ecosistema cripto no es en sí “invisible”, pero sí ofrece fricción adicional para la atribución y la congelación rápida de flujos, especialmente cuando se combina con identidades prestadas, intermediarios y jurisdicciones con distinta y bien variada velocidad de cooperación. En operaciones de influencia, el dinero no es accesorio. Es el sistema circulatorio que paga infraestructura, compra amplificación, remunera operadores, y sostiene persistencia.

El expediente añade un componente que, de confirmarse, ampliaría su gravedad estratégica. Durante el operativo se incautaron evidencias que comprometerían al imputado con la venta y distribución de armas de fuego (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). Esta intersección entre desinformación y armas sugiere un patrón conocido por los profesionales del ámbito castrense investigativo y de inteligencia nacional. Cuando convergen propaganda, financiación opaca y armamento, el fenómeno trasciende la “influencia blanda” y se aproxima a un ecosistema habilitador de coerción, intimidación y/o criminalidad organizada. En términos analíticos, el riesgo ya no es sólo cognitivo (degradación de confianza pública, polarización, distorsión deliberativa) sino también material, por la capacidad de introducir violencia o amenaza en el teatro social.

Para comprender el rótulo “Lakhta” y su peso, conviene situarlo en el marco histórico documentado por instancias judiciales y regulatorias. El Departamento de Justicia de Estados Unidos describió el Proyecto Lakhta como un esfuerzo paraguas, financiado por Yevgeniy Prigozhin, que incluía componentes orientados a audiencias extranjeras y que administraba presupuestos multimillonarios para actividades de influencia, incluyendo compras de anuncios, registros de dominios, uso de servidores proxy y “promoción” de publicaciones en redes sociales. El objetivo estratégico fue de sembrar discordia y socavar la fe en instituciones democráticas (U.S. Department of Justice, 2018). El propio gobierno estadounidense, en documentación oficial, asoció la operación con “information warfare” (guerra informática) y con esfuerzos para simular activismo local mediante identidades ficticias y técnicas de ocultación de origen (U.S. Department of Justice, 2018). Por su parte, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos caracterizó el Proyecto Lakhta como una campaña de desinformación financiada por Prigozhin dirigida a audiencias en Estados Unidos, Europa, Ucrania e incluso Rusia, destacando su uso de “personas” ficticias y su financiación de “troll farms” (U.S. Department of the Treasury, 2022). Complementariamente, el propio registro público de sanciones de OFAC identifica a la Internet Research Agency LLC (la “fábrica de trolls”) con alias explícitos que incluyen “LAKHTA INTERNET RESEARCH”, reforzando la continuidad nominal y organizacional del constructo Lakhta en la arquitectura de influencia rusa (U.S. Department of the Treasury, Office of Foreign Assets Control, 2026).

La República Dominicana, por su posición geográfica, sociedad libre y abierta, su centralidad turística, su conectividad logística y su apertura de ecosistemas digitales, constituye un espacio atractivo para operaciones de influencia que busquen “plausible deniability” y a la vez proyección regional. Las autoridades dominicanas sostienen que las operaciones atribuidas a Novikov apuntaban a incidir en la opinión pública, con impactos directos en el país y en otros entornos regionales (Listín Diario, 2025). En paralelo, fuentes periodísticas reseñaron que en Argentina se detectó una estructura denominada “La Compañía”, supuestamente vinculada al gobierno ruso y al Proyecto Lakhta, cuyo objetivo sería conformar redes locales leales a intereses rusos para campañas de desinformación, con operadores dedicados a recibir financiamiento y tejer vínculos con colaboradores (Listín Diario, 2025). Reportajes contemporáneos sobre Argentina describieron hallazgos de redes asociadas a campañas de desinformación para promover intereses de Moscú (The Record, 2025; Buenos Aires Times, 2025). Este encadenamiento (nodos nacionales que replican un mismo manual) es típico de operaciones de influencia sostenidas. Se construyen “células” de baja visibilidad, se tercerizan tareas, y se mantiene dirección estratégica a distancia.

Desde la perspectiva profesional, el caso Novikov ofrece lecciones operativas concretas para el diseño de defensa. Primero, la atribución moderna depende menos de “una prueba reina” y más de una constelación de indicadores: patrón de contenido, sincronización de amplificación, infraestructura digital, y rutas de financiación. Cuando el Ministerio Público afirma que Novikov recibía dirección y fondos de asociados a Lakhta, está apuntando a la hipótesis de mando y control, es decir, a una cadena de coordinación, no a mera actividad individual (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). Segundo, la cobertura social, en este caso la apariencia de atleta, no debe subestimarse. Es un mecanismo de acceso y normalización, capaz de producir capital social y reclutar facilitadores locales sin que éstos perciban la finalidad estratégica (Listín Diario, 2025). Tercero, el uso de criptoactivos en plataformas globales exige capacidades técnicas y jurídicas específicas como la analítica de blockchain, cooperación con ‘exchanges’, preservación de evidencia digital y coordinación internacional, porque la velocidad del flujo financiero suele superar la velocidad administrativa del Estado (EFE, 2025; Listín Diario, 2025).

Cuarto, la operación descrita confirma un principio que en contrainteligencia conviene reiterar. La desinformación no es simple “mentira” sino una disciplina de ingeniería social, orientada a modificar percepciones, elevar costos de gobernabilidad y erosionar la confianza y legitimidad institucional. El propio marco estadounidense sobre Lakhta enfatiza objetivos estratégicos de discordia y debilitamiento de confianza pública mediante identidades falsas y manipulación del debate (U.S. Department of Justice, 2018). En consecuencia, las respuestas estatales deben integrar no sólo persecución penal, sino resiliencia cognitiva, i.e., alfabetización mediática, transparencia proactiva, y mecanismos de advertencia temprana que permitan a la ciudadanía reconocer narrativas “fabricadas” sin necesidad de censura. La censura también es parte de un complot nefasto. Es el terreno que estas operaciones buscan. Cuanto más se perciba represión informativa, mayor será la rentabilidad propagandística del atacante.

El caso Novikov puede leerse como un capítulo dominicano de un guión ya observado en otras latitudes. Fue una operación de influencia con sello ruso, asociada nominalmente al Proyecto Lakhta, que combinaba ingeniería social, encubrimiento de origen, financiación opaca y utilización de facilitadores locales para maximizar alcance y minimizar atribución (Listín Diario, 2025; EFE, 2025; U.S. Department of the Treasury, 2022). La presencia de indicios de tráfico de armas simultáneamente sugiere una peligrosísima convergencia entre desinformación y criminalidad material, una simbiosis que multiplica el daño potencial y exige respuesta integral del Estado (Listín Diario, 2025; EFE, 2025). Para la contrainteligencia, la conclusión es sobria. La República Dominicana no está “al margen” del tablero. Por su propia conectividad en integración con un mundo MUCHO más allá de la Altagracia, nuestro país es un objetivo y bien uno bien atractivo. La defensa exige capacidades de investigación financiera moderna, cooperación internacional, y una comprensión clara de que la guerra informativa es una operación clandestina de largo aliento y alcance cuyo campo de batalla es la confianza.

~ C. Constantin Poindexter, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación CISA/NCISS OSINT, certificación DoD/DoS BFFOC

Bibliografía

  • Buenos Aires Times. (2025, 19 de junio). Argentina’s spies expose alleged Russian disinformation group.
  • EFE. (2025, 19 de septiembre). La Fiscalía dominicana detiene a un hombre ruso vinculado a un proyecto de desinformación.
  • Listín Diario. (2025, 19 de septiembre). Ministerio Público arresta a joven ruso que habría dirigido campañas de desinformación desde RD.
  • Listín Diario. (2025, 19 de septiembre). EEUU y Argentina: Otros países que han detectado presencia de rusos pertenecientes a “Lakhta”.
  • The Record. (2025, 19 de junio). Argentina uncovers suspected Russian spy ring behind disinformation campaigns.
  • U.S. Department of Justice. (2018, 19 de octubre). Russian National Charged with Interfering in U.S. Political System.
  • U.S. Department of the Treasury. (2022, 29 de julio). Treasury Targets the Kremlin’s Continued Malign Political Influence Operations in the U.S. and Globally.
  • U.S. Department of the Treasury, Office of Foreign Assets Control. (2026, 23 de enero). Sanctions List Search entry: Internet Research Agency LLC (incluye alias “LAKHTA INTERNET RESEARCH”).
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SIGNAL: Una plataforma segura para profesionales de inteligencia, contrainteligencia, y lo será aún más en la era cuántica

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Signal bien merece su reputación en comunidades de inteligencia, contrainteligencia e investigación por una razón práctica. A mí me encanta, y a usted también le debería gustar. La herramienta fue diseñada partiendo de supuestos adversariales que se alinean con el targeting real de activos en el terreno. Esos supuestos incluyen recolección a nivel estatal, interceptación encubierta y muchas veces ilegal, compromiso del endpoint, robo de credenciales y retención masiva de datos por largo tiempo para explotación futura. Signal no es mensajería convencional a la que luego se le “añadió” seguridad. Es un conjunto integrado de protocolos para acuerdo de claves, evolución de claves por mensaje y recuperación tras compromiso, sustentado en especificaciones abiertas y un endurecimiento criptográfico continuo.

Desde la perspectiva de un profesional de inteligencia, Signal es convincente porque está diseñado para mantenerse resiliente incluso bajo fallas parciales. Si un atacante “gana una batalla” capturando una clave, clonando un dispositivo por un rato o grabando tráfico durante años, Signal busca evitar que esa victoria puntual se convierta en acceso estratégico y duradero. Ese modelo de contención del daño encaja con prioridades de contrainteligencia: limitar el radio de impacto, reducir el tiempo de permanencia del adversario y forzarle esfuerzos repetidos que aumentan la probabilidad de detección.

El Double Ratchet y las claves por mensaje que limitan el daño

En el centro de la confidencialidad de mensajes en Signal está el algoritmo Double Ratchet, diseñado por Trevor Perrin y Moxie Marlinspike (Perrin and Marlinspike, 2025). En términos operacionales, el Double Ratchet importa porque entrega propiedades que se alinean con la realidad del tradecraft.

La “forward secrecy” (secreto hacia adelante) asegura que comprometer una clave actual no revele el contenido de mensajes anteriores. Los adversarios, de manera rutinaria, recolectan ciphertext en volumen y luego buscan un punto único de apalancamiento para descifrar más adelante mediante incautación de dispositivos, acceso interno, malware o procesos legales. La forward secrecy frustra esa estrategia al garantizar que el tráfico capturado anteriormente no se convierta en una “cosecha” de inteligencia en el futuro si una clave se expone después (Perrin y Marlinspike, 2025).

La “post-compromise security” (recuperación tras intrusión) aborda un escenario que los practicantes de inteligencia planifican: el compromiso temporal de un dispositivo. Inspecciones fronterizas, robo oportunista, acceso coercitivo o un implante de corta duración pueden ocurrir. El Double Ratchet incluye actualizaciones periódicas de Diffie-Hellman que inyectan entropía fresca, mientras su ratchet simétrico deriva nuevas claves de mensaje de manera continua. Una vez termina la ventana de compromiso, las claves de mensajes posteriores se vuelven criptográficamente inalcanzables para el atacante, siempre que ya no mantenga persistencia en el endpoint (Perrin and Marlinspike, 2025). Esto no es mercadeo exagerado: es una evolución disciplinada de claves que priva a servicios de inteligencia adversarios y a espías corporativos del uso indefinido de material de claves robado.

Aquí la lógica de respuesta a incidentes cambia: un compromiso breve no implica automáticamente exposición permanente de todo el historial y el futuro. En cambio, el atacante debe sostener persistencia para conservar visibilidad. Eso eleva la carga operativa y aumenta el riesgo de detección.

X3DH y PQXDH: el giro contra “cosecha ahora, descifra después”

Históricamente, Signal utilizó X3DH (Extended Triple Diffie-Hellman) para el establecimiento asíncrono de sesiones, algo vital en entornos móviles donde los destinatarios suelen estar offline. X3DH emplea claves de identidad de largo plazo y prekeys firmadas para autenticación, preservando a la vez forward secrecy y propiedades de negabilidad (Marlinspike and Perrin, 2016).

El panorama de riesgo estratégico cambió con la plausibilidad de computación cuántica criptográficamente relevante. La amenaza no es solo el descifrado futuro en tiempo real; es el modelo “harvest now/decrypt later”: intercepción masiva hoy con la expectativa de que avances futuros, incluida la capacidad cuántica, permitan abrir tráfico almacenado. Signal respondió introduciendo PQXDH (“Post Quantum Extended Diffie Hellman”), reemplazando el setup de sesión por una construcción híbrida que combina Diffie-Hellman clásico de curva elíptica (X25519) y un mecanismo post-cuántico de encapsulación de claves derivado de CRYSTALS-Kyber (Signal, 2024a). La implicación operacional es directa: el adversario tendría que romper tanto el componente clásico como el componente postcuántico para reconstruir el secreto compartido (Signal, 2024a).

Este establecimiento híbrido refleja ingeniería conservadora, muy típica de entornos de alta amenaza: migrar temprano, evitar cortes bruscos y no depender de un único primitivo nuevo. Esto también importa porque el componente post-cuántico corresponde a lo que NIST estandarizó como ML-KEM, derivado de CRYSTALS-Kyber, en FIPS 203 (NIST, 2024a; NIST, 2024b). La estandarización del NIST no garantiza invulnerabilidad, pero sí aumenta la confianza en que el primitivo ha sido escrutado y está siendo adoptado como línea base para entornos de alta seguridad.

Signal, además, hace una aclaración crucial en sus materiales sobre PQXDH: PQXDH aporta forward secrecy post-cuántica, mientras que la autenticación mutua en la revisión actual permanece anclada en supuestos clásicos (Signal, 2024b). Para los practicantes, esa precisión es valiosa porque define exactamente qué es post-cuántico hoy y qué no.

SPQR y el ratcheting poscuántico para operaciones de larga duración

El establecimiento de sesión es solo una parte del problema del ciclo de vida. Un recolector capaz puede grabar tráfico por periodos prolongados. Si la capacidad cuántica aparece más adelante, la pregunta es si la evolución continua de claves sigue siendo segura contra descifrado futuro. La introducción por parte de Signal del Sparse Post Quantum Ratchet (SPQR) atiende esa continuidad al añadir resiliencia postcuántica al mecanismo de ratcheting en sí (Signal, 2025).

SPQR extiende el protocolo para que no solo el handshake inicial, sino también las actualizaciones posteriores de claves, incorporen propiedades resistentes a cuántica, preservando forward secrecy y post-compromise security (Signal, 2025). Para profesionales de inteligencia esto es determinante, porque las relaciones operacionales suelen ser de largo aliento: activos y handlers, fuentes de investigación y coordinación entre equipos pueden durar meses o años. Un protocolo que solo endurece el handshake ayuda, pero uno que endurece el rekeying continuo encaja mejor con el modelo adversarial real de recolección persistente.

Trabajo académico ha analizado la evolución de X3DH a PQXDH dentro del movimiento de Signal hacia seguridad post-cuántica y enmarca PQXDH como mitigación del riesgo “cosecha ahora, descifra después” a escala (Katsumata et al., 2025). Ese enfoque cuadra con la gestión de riesgos en inteligencia: la confidencialidad se evalúa frente a adversarios pacientes, bien financiados y con horizonte estratégico.

Análisis formal, especificaciones abiertas y por qué esto importa operativamente

El practicante debe ser escéptico ante afirmaciones de seguridad que no soporten revisión externa. La suite de protocolos de Signal se beneficia de especificaciones públicas y escrutinio criptográfico sostenido. Un análisis formal ampliamente citado modela las propiedades de seguridad centrales del protocolo y examina en detalle su diseño basado en ratchets (Cohn Gordon et al., 2017). Ningún protocolo está “probado” contra cada modo de falla del mundo real. Sin embargo, métodos formales y análisis revisados por pares reducen la probabilidad de que debilidades estructurales permanezcan ocultas. Operacionalmente, esto se traduce en confiabilidad: cuando usted depende de una herramienta para trabajo sensible, evalúa si las afirmaciones son verificables, si los modos de falla están documentados y si las mejoras pueden validarse.

Metadatos, “Sealed Sender” y el rol del tradecraft

La confidencialidad del contenido es solo una parte de la seguridad en inteligencia. Los metadatos pueden ser decisivos: quién habla con quién, cuándo y con qué frecuencia puede producir inferencias dañinas. Sealed Sender de Signal fue diseñado para reducir la información del remitente visible al servicio durante la entrega del mensaje (Wired Staff, 2018). Investigación académica examina Sealed Sender y propone mejoras, además de discutir metadatos a nivel de red como la exposición de direcciones IP y las implicaciones para herramientas de anonimato (Martiny et al., 2021). Otro trabajo discute riesgos de análisis de tráfico que pueden persistir en entornos de grupos incluso cuando la identidad del remitente se oculta parcialmente (Brigham and Hopper, 2023).

La conclusión para el operador es clara: Signal mejora de manera material la seguridad del contenido y reduce ciertas exposiciones de metadatos. No elimina la necesidad de medidas de seguridad operacional. Dependiendo del perfil de misión, esas medidas pueden incluir endpoints endurecidos, manejo estricto de dispositivos, minimización de exposición de identificadores y protecciones de red consistentes con la ley y la política aplicables.

Por qué la trayectoria de SIGNAL es creíble en la transición cuántica

El enfoque de Signal hacia la transición cuántica refleja una postura de ingeniería creíble: migrar lo suficientemente temprano para amortiguar el riesgo “cosecha ahora, descifra después”; adoptar diseños híbridos para reducir la dependencia de un sólo supuesto; y extender garantías postcuánticas más allá del handshake hacia la evolución continua de claves (Signal, 2024a; Signal, 2025). La alineación con la dirección estandarizada por NIST para el establecimiento de claves también apoya la mantenibilidad a largo plazo y la interoperabilidad del ecosistema (NIST, 2024a; NIST, 2025). Desde la perspectiva de un practicante de inteligencia, el argumento central no es que Signal sea irrompible. El punto es que Signal está diseñado para limitar el daño, recuperarse tras un compromiso y anticipar amenazas estratégicas de descifrado. Está construido para un entorno hostil que se mueve hacia una realidad postcuántica.

Y lo digo sin rodeos ni disparates, Meta no hace nada de esto. FB Messenger y WhatsApp dejan huecos graves en la ciberseguridad porque el enfoque de Meta es la monetización del mecanismo de mensajería, no comunicaciones verdaderamente “a prueba” de adversarios. Úselos bajo su propio riesgo.

~ C. Constantin Poindexter, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación CISA/NCISS OSINT, certificación DoD/DoS BFFOC

Bibliografía

  • Brigham, Eric, and Nicholas Hopper. 2023. “Poster: No Safety in Numbers: Traffic Analysis of Sealed Sender Groups in Signal.” arXiv preprint.
  • Cohn Gordon, Katriel, Cas Cremers, Benjamin Dowling, Luke Garratt, and Douglas Stebila. 2017. “A Formal Security Analysis of the Signal Messaging Protocol.” Proceedings of the IEEE European Symposium on Security and Privacy.
  • Katsumata, Shota, et al. 2025. “X3DH, PQXDH to Fully Post Quantum with Deniable Ring.” Proceedings of the USENIX Security Symposium.
  • Marlinspike, Moxie, and Trevor Perrin. 2016. “The X3DH Key Agreement Protocol.” Signal Protocol Specification.
  • National Institute of Standards and Technology. 2024a. “NIST Releases First 3 Finalized Post Quantum Encryption Standards.” NIST News Release.
  • National Institute of Standards and Technology. 2024b. FIPS 203. “Module Lattice Based Key Encapsulation Mechanism Standard, ML KEM.” U.S. Department of Commerce.
  • National Institute of Standards and Technology. 2025. “Post Quantum Cryptography Standardization.” NIST Computer Security Resource Center.
  • Perrin, Trevor, and Moxie Marlinspike. 2025. “The Double Ratchet Algorithm.” Signal Protocol Specification.
  • Signal. 2024a. “Quantum Resistance and the Signal Protocol.” Signal Blog.
  • Signal. 2024b. “The PQXDH Key Agreement Protocol.” Signal Protocol Specification.
  • Signal. 2025. “Signal Protocol and Post Quantum Ratchets, SPQR.” Signal Blog.
  • Wired Staff. 2018. “Signal Has a Clever New Way to Shield Your Identity.” Wired Magazine.
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La vigilancia del ingreso de extranjeros como eje estratégico de prevención pandémica en la República Dominicana

La Amenaza Pandemica y la República Dominicana, inteligencia, vigilancia, C. Constantin Poindexter, J2, DNI

La llegada de personas extranjeras, ya sean turistas, trabajadores temporales, migrantes o demás, constituye uno de los vectores críticos mediante los cuales nuevas enfermedades infecciosas pueden introducirse en el territorio nacional. Dado que la República Dominicana es un país de alta exposición internacional por su sector turístico, sus conexiones aéreas y marítimas, y su proximidad geográfica con Haití, los riesgos asociados a pandemias demandan que la inteligencia nacional y los mecanismos de vigilancia fronteriza se fortalezcan. ¿Cuáles serían los costos potenciales y qué mecanismos son necesarios para mitigar dicho riesgo?

La República Dominicana es uno de los destinos turísticos más visitados del Caribe. En 2022 ingresaron al país más de 8.5 millones de turistas, incluidos más de 2.5 millones provenientes de Estados Unidos y Canadá, lo que la convierte en la nación más visitada de la región caribeña (CDC 2023). Este alto flujo internacional acentúa la posibilidad de importar agentes patógenos. Durante emergencias sanitarias globales, la movilidad internacional se ha demostrado como uno de los principales factores de propagación: no solo por el movimiento de personas infectadas, sino por portadores asintomáticos que se desplazan antes de desarrollar síntomas.

Un ejemplo concreto de esta vulnerabilidad se observó al inicio de la pandemia de COVID-19 en la República Dominicana. El primer caso confirmado fue de una persona que había ingresado desde Italia, y otro de un ciudadano canadiense, turistas vacacionando en Bayahibe (Wikipedia 2023a). Este patrón evidencia que los vínculos internacionales, i.e., turismo, viajes de placer o negocios, pueden ser la puerta de entrada para pandemias respiratorias virales, patógenos nuevos o variantes emergentes. La vigilancia de las fronteras (aéreas, marítimas, terrestres) y de los puntos de entrada de personas debe comprender estrategias integrales de detección temprana, cuarentena, rastreo de contactos y normas sanitarias obligatorias.

Además de los riesgos epidemiológicos, existen vulnerabilidades estructurales que agravan el peligro de una pandemia originada por la llegada de extranjeros. El sistema de salud tiene capacidad limitada para responder a brotes súbitos de enfermedades altamente contagiosas, quiere decir, número de camas de cuidados intensivos, concentración de personal médico especializado, escasez de insumos críticos como ventiladores o equipos de protección. Segundo, la densidad poblacional en zonas urbanas como Santo Domingo y Santiago favorece la transmisión comunitaria si no se identifican rápidamente los casos importados. También, la economía informal, presente en ciudades y zonas turísticas, dificulta la implementación de cuarentenas sin causar severos impactos sociales y económicos. Los costos de una pandemia causada o agravada por el ingreso de extranjeros sin control pueden ser múltiples: aumento de casos y muertes, colapso del sistema sanitario, pérdidas económicas por cierres, interrupción del turismo, desempleo masivo, impacto en la imagen internacional del país, disminución de inversiones extranjeras y acumulación de deuda pública si se requieren medidas extraordinarias. Dado que el turismo representa aproximadamente un 11.6 % del Producto Interno Bruto dominicano y es fuente importante de divisas, cualquier afectación al flujo de visitantes puede generar daños macroeconómicos significativos (Wikipedia 2023b).

Por todo ello, es esencial que la inteligencia dominicana (el conjunto de agencias y unidades de vigilancia epidemiológica, migratoria y de seguridad nacional) incluya como prioridad la vigilancia de la entrada de extranjeros con un enfoque preventivo. Esto implicaría varios componentes concretos.

El control sanitario en puntos de entrada: implementación de protocolos obligatorios de salud en aeropuertos, puertos y pasos fronterizos terrestres, tales como monitoreo de temperatura, pruebas diagnósticas (PCR, antígenos), declaración de salud previa al vuelo y cuarentenas obligatorias cuando lo requiera la situación.

La integración de inteligencia epidemiológica y migratoria: coordinación entre autoridades migratorias, salud pública, fuerzas de seguridad y agencias de inteligencia para compartir datos de vuelos, pasajeros, historiales epidemiológicos de regiones de origen, e identificar vuelos o rutas de alto riesgo.

La vigilancia internacional de brotes: mantener monitoreo constante de las alertas sanitarias internacionales, especialmente en los países de los cuales provienen grandes flujos de turistas o migrantes. Si surge un brote nuevo en un país con fuerte conexión con República Dominicana, activar protocolos especiales.

La capacitación, infraestructura y recursos: fortalecer la capacidad de los laboratorios nacionales, mejorar el sistema de atención en salud pública, disponer de equipos y espacios para aislamiento, así como personal entrenado para respuesta rápida. Esto también incluye la mejora de los procedimientos sanitarios en hoteles, resorts y transporte, que son puntos de encuentro entre nacionales y extranjeros.

Las políticas legales y regulaciones claras: etablecer leyes y normativas que permitan imponer medidas sanitarias (vacunaciones, pruebas previas al viaje, cuarentenas), con bases legales robustas y con respeto a los derechos humanos. Además, mecanismos para sancionar incumplimientos sin afectar excesivamente los flujos legítimos de personas.

La comunicación pública transparente y la cooperación internacional: informar claramente a la ciudadanía sobre riesgos y medidas tomadas, y contar con acuerdos con otros países para coordinar protocolos, especialmente en emergencias sanitarias.

La vigilancia de extranjeros no significa adoptar políticas cerradas o xenófobas, sino gestionar la movilidad internacional de forma responsable, balanceando la apertura con la protección sanitaria. En un mundo globalizado, los países no están aislados y el cierre total no siempre es viable ni deseable por sus impactos económicos y sociales. Sin embargo, ignorar la posibilidad de ingreso de enfermedades nuevas o reemergentes a través de visitantes es jugar con fuego. Dada la importancia estratégica del turismo y la conexión internacional de la República Dominicana, los órganos de inteligencia y vigilancia fronteriza deben reconocer que la entrada de extranjeros constituye un vector de riesgo significativo en una pandemia. La prevención activa, mediante control sanitario, inteligencia epidemiológica, fortalecimiento institucional y regulaciones, puede mitigar ese riesgo. No hacerlo, nos traerá consecuencias sanitarias, sociales, económicas y reputacionales graves. Imperativo es que nuestras instituciones incluyan como prioridad la vigilancia proactiva del ingreso de no nacionales, como parte integral de la preparación y respuesta ante futuras pandemias.

~ C. Constantin Poindexter Salcedo, M.A. en Inteligencia, J.D., Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, certificación CISA/NCISS OSINT, Certificación DoD/DoS BFFOC

Bibliografía

Centers for Disease Control and Prevention. 2023. Dominican Republic | Yellow Book. Atlanta: CDC. https://www.cdc.gov/yellow-book/hcp/americas-caribbean/dominican-republic.html.

Wikipedia. 2023a. COVID-19 Pandemic in the Dominican Republic. Last modified September 10, 2023. https://en.wikipedia.org/wiki/COVID-19_pandemic_in_the_Dominican_Republic.

Wikipedia. 2023b. Tourism in the Dominican Republic. Last modified August 14, 2023. https://en.wikipedia.org/wiki/Tourism_in_the_Dominican_Republic

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Artificial Intelligence and Offensive Counterintelligence in the U.S. I.C.

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Artificial intelligence is transforming the national security landscape by augmenting the capabilities of intelligence organizations to “identify, disrupt, and neutralize adversarial threats”. While much scholarly and policy attention has been devoted to the defensive applications of AI, i.e., cybersecurity, threat detection, and insider threat monitoring, implications for offensive counterintelligence (CI) are equally profound. Offensive counterintelligence, which involves proactive measures to manipulate, exploit, or dismantle adversarial intelligence operations, has traditionally depended on human ingenuity, deception, and long-term HUMINT. The introduction of AI into this realm promises to exponentially increase the scale, speed, and sophistication of U.S. counterintelligence campaigns. The U.S. Intelligence Community (IC) will become more effective at penetration of FIS, deception operations, and neutralization of espionage activities.

One of the most significant ways AI will enhance offensive counterintelligence is through advanced pattern recognition and anomaly detection across massive data streams. The IC already ingests petabytes of information daily, from open-source intelligence (OSINT) to signals intelligence (SIGINT). Offensive counterintelligence officers have historically been hobbled by fragmentary reports and painfully dry and drawn-out analysis to identify foreign intelligence officers, their networks, and their vulnerabilities. Machine learning algorithms now enable CI analysts to identify subtle anomalies in communications metadata, financial transactions, or travel records that suggest covert operational behavior. Algorithms trained on known espionage tradecraft can detect anomalies in mobile phone usage, repeated travel to consular facilities, or encrypted message timing that would elude traditional analysis (Carter, 2020). By automating the detection of clandestine activity, AI provides offensive CI officers with early targeting leads for recruitment, deception, or disruption.

AI’s role in predictive modeling of adversary behavior is a game-changer. Traditional counterintelligence operations have required years of painstaking collection before a service could anticipate an adversary’s moves. Now, reinforcement learning and predictive analytics can generate probabilistic models of how foreign intelligence services will act under specific conditions. This capability is invaluable for offensive CI, in which anticipating an adversary’s agent recruitment attempts or technical collection strategies and techniques allows the U.S. to insert double agents, conduct controlled leaks, or channel disinformation in ways that compromise foreign intelligence effectiveness (Treverton & Miles, 2021). By simulating adversary decision-making processes and Loops, AI effectively allows the IC to wage a chess match several moves ahead, shifting initiative in favor of U.S. operators.

AI will transform deception operations, a core element of offensive counterintelligence. Deception requires constructing credible false narratives, fabricating convincing documents, and sustaining elaborate covers. Generative AI models provide new tools for producing synthetic but convincing content, i.e., emails, social media profiles, deepfake videos, etc., that can be deployed to manipulate adversarial intelligence targets. These capabilities enable more robust false-flag operations, digital honeypots, and disinformation campaigns designed to lure adversary collectors into traps or consume their resources chasing fabricated leads. Deepfake technology raises concerns about disinformation in democratic societies, however, if deployed in a tightly controlled counterintelligence context it becomes a force multiplier, providing scalable deception tools that previously demanded enormous human and material resources (Brundage et al., 2018).

AI enhances the identification and exploitation of recruitment opportunities, central to offensive CI operations. The IC has long relied on spotting, assessing, and recruiting human assets with access and placement. AI-driven analysis of social media, professional networks, and digital exhaust enables rapid identification of individuals with access, grievances, or vulnerabilities suitable for recruitment. Natural language processing (NLP) tools can detect sentiment, stress, or dissatisfaction in posts, while network analysis maps reveal connections within bureaucracies or security services (Greitens, 2019). By narrowing down large populations to high-value recruitment targets, AI augments human case officer ability to prioritize approaches and customize persuasion angles. The integration of AI with human tradecraft accelerates the traditionally slow and resource-intensive recruitment cycle.

Cyber counterintelligence represents another frontier where AI confers offensive advantages. FISs increasingly operate in cyberspace, exfiltrating sensitive data and conducting influence campaigns. AI-enabled intrusion detection, combined with offensive cyber capabilities, allows U.S. counterintelligence to not only identify intrusions but also manipulate them. AI can facilitate “active defense” strategies in which foreign intelligence hackers are fed false or misleading data, undermining their confidence in purloined data. Automated adversarial machine learning tools can also detect attempts by foreign services to poison U.S. AI training data, allowing counterintelligence operators to preemptively counter them (Henderson, 2022). AI both defends critical systems and creates new opportunities for denial and deception operations (D&D) and disruption of adversarial cyber espionage.

Further, AI also addresses one of the perennial challenges of offensive counterintelligence, scalability. Human operator and analyst resources are finite. Adversarial services often enjoy the advantage of operating from within authoritarian systems unconstrained by meaningful oversight. AI offers the IC the ability to scale counterintelligence operations across global theaters without proportional increases in manpower. Automated triage systems can flag potential espionage indicators for human review, while AI-driven simulations can test the effectiveness of proposed offensive strategies before deployment. The scalability of AI ensures that offensive CI efforts remain proactive rather than reactive, allowing the IC to contest adversarial services at a global level (Allen & Chan, 2017).

I will note here that the insertion of AI into offensive counterintelligence is not a panacea. Overreliance on algorithmic outputs without human validation can lead to “false positives”, misidentification, or ethically and legally problematic targeting. Adversaries are also rapidly adopting AI for their own counter-counterintelligence measures, raising the specter of an AI-driven arms race in deception, espionage and counterespionage disciplines. The U.S. IC must ensure that AI tools are embedded within a robust framework of human review, legal compliance, and ethical norms. Offensive CI, clearly operating in the shadows of democratic accountability, requires enhanced governance mechanisms to balance operational effectiveness with adherence to rule-of-law principles (Zegart, 2022).

The adoption of AI in offensive counterintelligence necessitates organizational adaptation. Case officers, analysts, and technical specialists must be trained not only to use AI tools but also to understand their limitations. Interdisciplinary collaboration between computer scientists, behavioral experts, and intelligence professionals will be essential for designing AI systems that are operationally relevant, a particularly challenging problem in a group of agencies accustomed to “siloing”. Investment in secure, resilient AI infrastructure is critical, as adversaries will inevitably seek to penetrate, manipulate, or sabotage U.S. counterintelligence AI systems. Just as past eras of counterintelligence revolved around protecting codes and agent networks, the new era will hinge on safeguarding the integrity of AI platforms themselves (Carter, 2020).

Artificial intelligence offers unprecedented opportunities to enhance the effectiveness of offensive counterintelligence. By improving anomaly detection, predictive modeling, deception, recruitment targeting, and cyber counterintelligence, AI serves as both a force multiplier and a strategic enabler. It allows the IC to proactively shape the intelligence battlespace, seize the initiative from adversaries, and scale operations to meet global challenges. These opportunities come with risks, ethical, operational, and strategic, however, with careful management the payoff will be monumental. Offensive counterintelligence has always been a contest of wits, deception, and foresight. In the twenty-first century, AI will become the decisive instrument that determines whether the U.S. retains the upper hand in the shadow war.

~ C. Constantin Poindexter, M.A. en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, J.D., certificación CISA/NCISS OSINT, Certificación DoD/DoS BFFOC

References

Allen, G., & Chan, T. (2017). Artificial intelligence and national security. Belfer Center for Science and International Affairs, Harvard Kennedy School.

Brundage, M., Avin, S., Clark, J., Toner, H., Eckersley, P., Garfinkel, B., … & Amodei, D. (2018). The malicious use of artificial intelligence: Forecasting, prevention, and mitigation. Future of Humanity Institute.

Carter, A. (2020). The future of counterintelligence in the age of artificial intelligence. Center for a New American Security.

Greitens, S. C. (2019). Dealing with demand for authoritarianism: The domestic politics of counterintelligence. International Security, 44(2), 9–47.

Henderson, T. (2022). Offensive cyber counterintelligence: Leveraging AI to deceive adversaries. Journal of Cybersecurity Studies, 8(1), 55–74.

Treverton, G. F., & Miles, R. (2021). Strategic counterintelligence: The case for offensive measures. RAND Corporation.

Zegart, A. (2022). Spies, lies, and algorithms: The history and future of American intelligence. Princeton University Press.

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Cibermilicias y la Lucha por la Primacía en el Espacio de Batalla Informativa

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Llegué a la madurez profesional en una comunidad de inteligencia que todavía concebía la línea de frente (“teatro principal de operaciones”) como un lugar al que uno podía acceder, cartografiar y asegurar. Ese mundo ha desaparecido. Hoy, adversarios no militares, organizados de manera laxa en cibermilicias de propagandistas, piratas informáticos patrióticos, emprendedores de la influencia y amplificadores remunerados o voluntarios disputan la iniciativa no con blindados ni artillería, sino colonizando la atención, deformando la percepción y acelerando la división social a gran escala. Nuestra doctrina ha comenzado a reconocer este cambio. En 2017, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos elevó la información a función conjunta, formalizando lo que los operadores llevaban años observando. Reconocemos que las campañas modernas dependen de crear y explotar la ventaja informativa. La Estrategia de 2023 para Operaciones en el Entorno Informativo del Departamento de Defensa EEUU lo expone de manera explícita: la Fuerza Conjunta debe estar organizada, adiestrada y dotada de recursos para integrar efectos informativos junto con fuegos y maniobra (DoD, 2023).

Por cibermilicias entiendo a actores no uniformados, a veces dirigidos por el Estado, a menudo tolerados por él o subcontratados a la multitud, que combinan acciones cibernéticas con guerra narrativa en plataformas sociales. Reclutan y radicalizan, acosan en enjambres, hostigan y exponen datos personales, siembran falsificaciones digitales y teorías conspirativas, e inundan el espacio con memes emocionalmente persuasivos. Su mando y control suele ser plano e improvisado, su logística se basa en la nube y su ritmo operacional lo marcan los algoritmos de las plataformas y los ciclos informativos. Hemos visto efectos militares de tales formaciones en teatros diversos. La llamada Internet Research Agency (IRA) ejemplificó una milicia de influencia vinculada al Estado que escaló intentos de persuasión y movilización fuera de línea a través de plataformas sociales estadounidenses. Investigaciones rigurosas han matizado posteriormente las afirmaciones maximalistas sobre cambios medibles en actitudes, pero el hecho operacional permanece: los adversarios pueden alcanzar a millones de objetivos, a un coste marginal casi nulo, con narrativas adaptadas y sincronizadas con objetivos geopolíticos (Eady et al., 2023).

En el extremo opuesto, el IT Army of Ukraine constituye un caso de movilización cibernética defensiva: una formación voluntaria que ejecuta ataques DDoS, búsqueda de vulnerabilidades y operaciones psicológicas en paralelo con esfuerzos estatales. Esto ilustra tanto la potencia como las ambigüedades jurídicas y éticas que surgen cuando civiles se convierten en combatientes en el dominio informativo (Munk, 2025).

Las organizaciones terroristas comprendieron hace tiempo el poder de las redes sociales. El ISIS combinó la brutalidad en el campo de batalla con una maquinaria propagandística meticulosamente diseñada en línea, optimizada para reclutamiento, intimidación y fijación de agenda en múltiples lenguas y plataformas. Análisis revisados por pares detallan cómo ISIS explotó las funcionalidades de las plataformas para mantener su alcance incluso cuando se eliminaban cuentas (Done, 2022). El actual aluvión de proclamaciones de victorias en el teatro de guerra palestinas es igualmente ilustrativo.

Por qué las Redes Sociales Pueden Rivalizar con la Fuerza Física

La respuesta sencilla es la escala y la velocidad. La propaganda computacional aprovecha la automatización, la amplificación y la microsegmentación para saturar los canales informativos más rápido de lo que la verificación de hechos o el debate pueden alcanzar. Revisión sistemática tras revisión sistemática enmarcan esto como un ecosistema sociotécnico en evolución más que como una táctica puntual (Bradshaw y Howard, 2019).

La asimetría es un segundo factor crucial. Los bots y las conductas inauténticas coordinadas otorgan a pequeños operadores una influencia desproporcionada, especialmente en los primeros minutos del ciclo de vida de una narrativa, cuando las señales de interacción iniciales pueden inclinar los sistemas de clasificación de las plataformas. Estudios demuestran que las cuentas automatizadas amplifican de forma desproporcionada contenido de baja credibilidad en esas fases críticas (Shao et al., 2018).

Los efectos sobre el terreno humano deben contemplarse. Incluso cuando la persuasión directa es modesta, los daños en zonas de conflicto son muy reales. Doxing, estigmatización, desplazamiento y profanación cultural se han vinculado a la incitación en línea durante conflictos armados. No se trata únicamente de charlas en Internet, es preparación operacional del entorno con consecuencias humanas (Ulbricht, 2024).

La integración con operaciones cinéticas constituye además un ingrediente imperativo. En Ucrania, las fuerzas rusas combinaron sistemas físicos, como el Orlan-10/Leer-3, con campañas masivas de mensajes de texto y redes sociales para inducir pánico y erosionar la cohesión. Esto recuerda que los fuegos informativos pueden acotar el espacio de batalla tan eficazmente como la artillería (GAO, 2022).

La maniobra memética es la última consideración. En los conflictos contemporáneos, las narrativas basadas en memes no son meras efímeras: constituyen maniobra en el dominio cognitivo. Estudios recientes sobre la guerra memética en el contexto Rusia-Ucrania sostienen que estos artefactos estructuran la atención, codifican marcos complejos y aceleran el reclutamiento hacia la propaganda participativa a gran escala (Prier, 2017).

Una Nota sobre la Evidencia y la Prudencia

La honestidad intelectual más rigurosa debe estar en primer plano. Un estudio en Nature Communications que vinculó datos de Twitter en Estados Unidos con encuestas no halló cambios estadísticamente significativos en actitudes o elección de voto atribuibles a la exposición a la IRA en 2016. Sin embargo, no debemos ignorar esto ni sobregeneralizar. El estudio no absuelve a las campañas adversarias, refina nuestra teoría del efecto. Muchas operaciones buscan el control de la agenda, la polarización, la intimidación y la distracción en tiempo objetivo más que el mero cambio de voto. En la guerra, incluso variaciones pequeñas en la participación, la percepción del riesgo o la moral de la unidad pueden ser decisivas (Eady et al., 2023).

El Imperativo: Tratar la Propaganda Adversaria como un Objetivo de Campaña

La OTAN enmarca ahora la guerra cognitiva como un desafío interdominios. La mente humana es terreno disputado donde los actores buscan modificar percepciones y conductas (Claverie du Cluzel et al., 2021). No es retórica inflamatoria, es realidad operacional en todo teatro que he observado. Nuestra respuesta debe abandonar la era de refutaciones improvisadas y avanzar hacia operaciones integradas en el entorno informativo con objetivos, autoridades y métricas explícitas de desempeño y efecto.

Qué Deben Hacer la Inteligencia y los Combatientes

  1. Construir un panorama de inteligencia fusionada del campo de batalla narrativo.
  2. Normalizar el entorno informativo junto con fuegos y maniobra.
  3. Disputar la iniciativa mediante prebunking y resiliencia, no solo eliminando contenidos.
  4. Imponer fricción a las cibermilicias hostiles.
  5. Clarificar autoridades y alinear con el derecho de los conflictos armados.
  6. Entrenar para el dominio cognitivo.
  7. Medir lo que importa, evitando indicadores de pura vanidad.

Conclusión Estratégica

En la guerra convencional, la ventaja es acumulativa. En la guerra informativa, es compuesta. El bando que penetra el ciclo de decisión del adversario establece el marco para todo lo que sigue. Nuestros adversarios ya juegan ese juego. Despliegan cibermilicias que operan a velocidad de máquina pero hablan en idioma humano, explotando incentivos de plataforma y sesgos cognitivos tan antiguos como la persuasión y tan novedosos como la inteligencia artificial generativa.

Como profesionales de inteligencia y combatientes, nuestra misión no es simplemente refutar mentiras una vez consumado el daño, sino negar la iniciativa adversaria en el entorno informativo, mapear y anticipar sus campañas, fortalecer nuestras poblaciones e integrar los efectos narrativos con la maniobra. Hacerlo bajo el imperio de la ley y con responsabilidad democrática será un reto. La Comunidad de Inteligencia y las fuerzas armadas no ignoran esta realidad: la Fuerza Conjunta ya reconoce la información como función central. Pero la doctrina sin recursos ni práctica es solo papel. Debemos construir los equipos, autoridades y hábitos para luchar y prevalecer allí donde ahora habita la gente, en sus feeds y chats, tanto como en el espacio físico. Si fracasamos, cederemos el terreno decisivo del conflicto moderno a adversarios no militares que comprenden que la primacía ya no se mide únicamente en metros conquistados, sino en mentes retenidas.

Una recomendación crucial es que la contrainteligencia está particularmente bien adaptada a esta misión. El oficio de la contrainteligencia, históricamente dedicado a identificar, engañar y neutralizar operaciones de influencia hostil, se traduce directamente a la lucha contra las cibermilicias. Los operadores de contrainteligencia aportan pericia en atribución adversaria, operaciones de doble agente, detección de desinformación y manipulación de redes clandestinas. Estas son exactamente las habilidades necesarias para desenmascarar conductas inauténticas coordinadas en línea. Estoy convencido de que integrar la contrainteligencia en la guerra informativa ofrece ventajas singulares, al combinar análisis técnico de señales con validación de fuentes humanas y la capacidad de explotar, interrumpir o cooptar operaciones adversarias de influencia de un modo que supera la mera moderación de contenidos (Hunker, 2010; Rid, 2020). Dejar las cibermilicias únicamente en manos de la diplomacia pública o de la autorregulación de plataformas equivale a luchar con un brazo atado. Incorporar la contrainteligencia en el núcleo de nuestras campañas informativas asegura que Estados Unidos no solo pueda defenderse de la propaganda adversaria, sino también disputar y desmantelar activamente las redes que la impulsan.

~ C. Constantin Poindexter, M.A. en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, J.D., certificación CISA/NCISS OSINT, Certificación DoD/DoS BFFOC

Referencias

Bradshaw, S., y Howard, P. N. (2019). El orden global de la desinformación: Inventario mundial 2019 de la manipulación organizada en redes sociales. Oxford: Oxford Internet Institute. [en inglés]

Claverie du Cluzel, F., et al. (2021). Guerra cognitiva. Comando Aliado de Transformación de la OTAN, Innovation Hub. Norfolk, VA. [en inglés]

Departamento de Defensa de los Estados Unidos. (2023). Estrategia para las operaciones en el entorno informativo. Washington, DC. [en inglés]

Done, A. (2022). La propaganda del ISIS y la radicalización en línea. Journal of Strategic Security, 15(3), 27–49. [en inglés]

Eady, G., Nagler, J., Guess, A., Zilinsky, J., y Tucker, J. (2023). Exposición a la campaña de influencia extranjera de la Agencia de Investigación de Internet rusa en Twitter durante las elecciones de 2016 en Estados Unidos y su relación con actitudes y comportamiento de voto. Nature Communications, 14(1), 367. [en inglés]

Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EE. UU. (GAO). (2022). Entorno informativo: El Departamento de Defensa debería tomar medidas para ampliar sus evaluaciones de las operaciones de información. Washington, DC. [en inglés]

Hunker, J. (2010). Guerra cibernética y poder cibernético: cuestiones para la doctrina de la OTAN. Documento de investigación del Colegio de Defensa de la OTAN, núm. 62. Roma: Colegio de Defensa de la OTAN. [en inglés]

Maertens, R., Roozenbeek, M., van der Linden, S., y Lewandowsky, S. (2021). Eficacia a largo plazo de la inoculación contra la desinformación: tres experimentos longitudinales. Journal of Experimental Psychology: Applied, 27(1), 1–16. [en inglés]

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Prier, J. (2017). Comandando la tendencia: las redes sociales como guerra de información. Strategic Studies Quarterly, 11(4), 50–85. [en inglés]

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