Espionaje chino en Cuba: la amenaza para la República Dominicana

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A las puertas de Quisqueya: las estaciones SIGINT cubanas de Bejucal y El Salao y las amenazas a la seguridad nacional de la República Dominicana

Abstracto: Desde diciembre de 2024, el Center for Strategic and International Studies (CSIS) ha documentado, mediante imágenes satelitales comerciales y análisis de fuentes abiertas, una red de al menos cuatro emplazamientos de inteligencia de señales (SIGINT) en Cuba, entre ellos Bejucal y El Salao, probablemente vinculados a los esfuerzos de recopilación de inteligencia de la República Popular China. Este ensayo sintetiza la evidencia desclasificada y de fuentes abiertas más reciente, incluidas las advertencias de altos funcionarios estadounidenses de 2025 y 2026, y evalúa las amenazas que esta arquitectura representa específicamente para la seguridad nacional de la República Dominicana. Se argumenta que, por su ubicación, sus capacidades de radiogoniometría de alta frecuencia y el contexto de penetración tecnológica china en el hemisferio, estas instalaciones plantean riesgos concretos para las comunicaciones estatales, el dominio marítimo y aéreo, la infraestructura de telecomunicaciones y la posición geoestratégica dominicana, con independencia de que el blanco declarado sea Estados Unidos. El análisis se ofrece con calibración de confianza explícita: el vínculo operativo directo de Beijing con estos sitios sigue siendo una evaluación probable, no un hecho probado públicamente.

Entiéndanse

La geografía rara vez es neutral en materia de seguridad. Durante más de seis décadas, la posición de Cuba (a menos de 150 kilómetros del territorio continental estadounidense y en el corazón del paso entre el Atlántico y el Caribe) la ha convertido en una plataforma privilegiada para la recopilación de inteligencia extranjera dirigida contra Estados Unidos y, por extensión, contra el conjunto del hemisferio (Funaiole et al. 2024). Lo que durante la Guerra Fría fue el complejo soviético de Lourdes hoy se manifiesta en una red modernizada de estaciones de inteligencia de señales que, según la evaluación predominante en Washington, apoyan los esfuerzos de la República Popular China (en adelante, RPC o China).

La literatura estadounidense sobre estas instalaciones se ha centrado, comprensiblemente, en la amenaza al territorio y a las fuerzas de Estados Unidos. Sin embargo, las capacidades técnicas de estos sitios, en particular las matrices de antenas de disposición circular (CDAA, por sus siglas en inglés) destinadas a la radiogoniometría de alta frecuencia, no respetan fronteras nacionales. Su alcance nominal, que diversas fuentes técnicas sitúan entre 3.000 y 8.000 millas náuticas, abarca holgadamente la totalidad del territorio, el espacio aéreo y las aproximaciones marítimas de la República Dominicana (Funaiole et al. 2024; Funaiole et al. 2025). La instalación de El Salao, situada en el extremo oriental de Cuba, es precisamente el punto de la isla más próximo a La Española.

Mi obra aquí persigue tres objetivos. Primero, sintetizar la evidencia de fuentes abiertas e inteligencia recientemente divulgada por la comunidad de inteligencia estadounidense sobre los sitios de Bejucal y El Salao. Segundo, traducir las capacidades técnicas observadas en vectores de amenaza concretos para la seguridad nacional dominicana, un análisis prácticamente ausente del debate público. Tercero, ofertar recomendaciones de política proporcionadas a los recursos y a la posición geoestratégica de un Estado caribeño de tamaño medio. A lo largo del texto mantengo una calibración de confianza explícita, distinguiendo entre lo observado, lo evaluado y lo inferido.

La arquitectura SIGINT cubana y la huella china

En junio de 2023, funcionarios de la administración Biden confirmaron informes de prensa según los cuales China tenía acceso a instalaciones de espionaje en Cuba, y filtraciones posteriores al Wall Street Journal elevaron a cuatro el número de instalaciones de interés, varias de ellas visitadas por técnicos chinos (Funaiole et al. 2024). En diciembre de 2024, el CSIS publicó la evaluación de fuentes abiertas más completa hasta la fecha: de cerca de una docena de emplazamientos cubanos examinados, cuatro presentaban instrumentación SIGINT observable, infraestructura de seguridad física y otras características indicativas de recopilación de inteligencia: Bejucal, El Salao, Wajay y Calabazar (Funaiole et al. 2024).

Bejucal

Situada en las colinas que dominan La Habana, Bejucal es la mayor estación SIGINT activa de Cuba examinada por el CSIS. El sitio adquirió notoriedad durante la Crisis de los Misiles de 1962, cuando albergó armas nucleares soviéticas, y durante décadas ha sido objeto de sospechas de vínculos con la inteligencia china, mencionadas en testimonios ante el Congreso estadounidense, documentos gubernamentales desclasificados y prensa en inglés y español (Funaiole et al. 2024). Las imágenes de marzo de 2024 revelaron entradas a instalaciones subterráneas construidas entre 2010 y 2019 (que fuentes de desertores cubanos asocian al cuartel de la brigada radioelectrónica de la inteligencia militar cubana) así como antenas parabólicas capaces de interceptar comunicaciones satelitales y, potencialmente, de recopilar datos sobre los lanzamientos espaciales estadounidenses desde Florida (Funaiole et al. 2024).

La evolución del sitio ha sido continua. En mayo de 2025, el CSIS documentó la construcción de una nueva CDAA que reemplazaba a una matriz anterior más pequeña (Funaiole et al. 2025). Para junio de 2026, esa matriz aparecía terminada y probablemente operativa: 32 antenas dispuestas en un anillo exterior de 19 y uno interior de 13, la mayor y más capaz observada por el CSIS en Cuba (Powers-Riggs et al. 2026). Según el propio CSIS, Bejucal es probablemente una de las tres instalaciones en Cuba que funcionarios estadounidenses han reconocido recientemente como operadas por China (Powers-Riggs et al. 2026; Diario Las Américas 2026).

El Salao

En el extremo opuesto de la isla, justo al este de Santiago de Cuba y a unos 110 kilómetros (cerca de 70 millas) de la Base Naval estadounidense de Guantánamo, se levanta El Salao, una CDAA cuya existencia no se había reportado hasta que el CSIS la reveló en 2024 (Funaiole et al. 2024; ICBrief 2026). Las obras comenzaron en 2021 y, para 2024, se habían completado el edificio de control central, los cimientos de un anillo interior de 16 antenas y las canalizaciones de servicios. Con un diámetro proyectado de entre 130 y 200 metros, la instalación, una vez operativa, sería capaz de vigilar a la Armada estadounidense y a sus socios en el Caribe e incluso en el Atlántico Sur (Funaiole et al. 2024).

No obstante, el ritmo de El Salao contrasta con el de Bejucal. En 2025 la construcción se había detenido casi por completo, con la vegetación reclamando el terreno nivelado, y las imágenes de mayo de 2026 mostraban pocos cambios sustantivos: sin antenas erigidas y sin indicios claros de operatividad (Funaiole et al. 2025; Powers-Riggs et al. 2026). Aun así, la reciente repavimentación de un camino de acceso reorientado hacia el centro de la matriz sugiere que el sitio no ha sido abandonado. El CSIS evalúa que, de completarse, El Salao complementaría a Bejucal extendiendo la cobertura sobre el sureste del Caribe y permitiendo a ambas instalaciones triangular señales provenientes de toda Centroamérica y la región del Atlántico occidental (Powers-Riggs et al. 2026).

Del legado soviético al abrazo chino

La presencia actual debe leerse a la luz de una continuidad histórica. Tras el cierre del complejo soviético de Lourdes en 2002, hoy reconvertido en la Universidad de Ciencias Informáticas, el vacío fue ocupado progresivamente por China (Funaiole et al. 2024). Desde 2000, según datos de AidData citados por el CSIS, China ha proporcionado a Cuba alrededor de 7.800 millones de dólares en financiamiento para el desarrollo, incluida la modernización del puerto de Santiago de Cuba, y los gigantes tecnológicos Huawei y ZTE —ambos vetados por Washington por riesgos de espionaje— constituyen hoy la columna vertebral de las telecomunicaciones cubanas (Funaiole et al. 2024). La profunda crisis económica cubana, la peor desde la caída de la Unión Soviética, ha estrechado aún más esta dependencia y ha abierto la puerta a la cooperación militar y de inteligencia.

La evidencia más reciente refuerza esta trayectoria. En mayo de 2026, el Wall Street Journal informó, citando a funcionarios familiarizados con evaluaciones de la inteligencia estadounidense, que China y Rusia habían ampliado sus operaciones en Cuba y triplicado aproximadamente el número de personal de inteligencia desde 2023 (Wall Street Journal 2026, según se reporta en Politicalwire 2026 y Cubaheadlines 2026). El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó pública y repetidamente a Cuba en abril y junio de 2026 de albergar instalaciones de inteligencia chinas y rusas, advirtiendo que Washington no permitiría que ningún aparato militar o de inteligencia extranjero operara con impunidad a 90 millas de sus costas (Cibercuba 2026a; Cibercuba 2026b). En el mismo periodo, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana, y la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de diciembre de 2025 ordenó al Pentágono presentar al Congreso, antes de junio de 2026, un informe detallado sobre las capacidades de inteligencia china y rusa en Cuba (ICBrief 2026). Ya en 2024, la Evaluación Anual de Amenazas de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) había incluido a Cuba entre los países donde China busca establecer instalaciones militares (ODNI 2024, citado en Funaiole et al. 2024).

Conviene, sin embargo, una nota de cautela analítica que el propio CSIS subraya: en el espacio no clasificado no existe una prueba irrefutable que demuestre el control operativo directo de China sobre estos sitios, y Beijing lo ha negado de manera categórica (Funaiole et al. 2025). La atribución china debe entenderse, por tanto, como una evaluación probable sostenida por la convergencia de testimonios, documentos, declaraciones oficiales y el patrón de inversión, no como un hecho confirmado.

Capacidades técnicas y geometría de la amenaza

Comprender la amenaza para la República Dominicana exige precisar qué hace (y qué no hace) una CDAA. Una matriz de disposición circular se emplea principalmente para la radiogoniometría de alta frecuencia (HFDF): la interceptación y geolocalización del origen de transmisiones de radio entrantes a lo largo de un amplio rango de frecuencias (Funaiole et al. 2024). A diferencia de las antenas parabólicas de Bejucal, orientadas a comunicaciones satelitales, una CDAA determina la dirección y el origen de emisiones en el espectro de alta frecuencia, una técnica que fue pilar del SIGINT durante la Guerra Fría y que, pese a la migración de las comunicaciones militares sensibles hacia la fibra óptica y el satélite, China ha considerado lo bastante valiosa como para replicarla en sus puestos militarizados de los arrecifes Mischief y Subi, en el mar de China Meridional (Funaiole et al. 2024; Fox News 2026).

El punto crítico para el análisis dominicano es distinto. La HFDF no necesita descifrar el contenido de una comunicación para extraer inteligencia de valor. Mediante el análisis de tráfico, es decir, de los metadatos externos de las emisiones: frecuencia, dirección, momento, duración y volumen, una CDAA puede revelar la ubicación y los movimientos de fuerzas militares, navales y aéreas, así como los patrones de actividad de una nación entera (Funaiole et al. 2024). Aunque las comunicaciones modernas estén cifradas, la mera geometría de quién transmite, desde dónde, hacia dónde y con qué cadencia compone un retrato detallado de la actividad operativa. Esta es la razón por la cual una instalación de bajo costo y baja tecnología relativa puede seguir siendo estratégicamente relevante.

A esta lógica técnica se superpone la geografía. El Salao se ubica aproximadamente a 20°00′ N, 75°44′ O, en el extremo oriental de Cuba, separado de La Española únicamente por el Paso de los Vientos y por el territorio de Haití. El territorio dominicano se encuentra a unos pocos cientos de kilómetros al este (del orden de 500 a 650 kilómetros desde Santiago de Cuba hasta Santo Domingo, y menos aún hasta la frontera occidental dominicana), una distancia trivial frente al alcance nominal multimilenario de una matriz HFDF. En términos prácticos, la totalidad de la República Dominicana se sitúa cómodamente dentro de la envolvente de detección de El Salao y, en menor grado por su orientación, de Bejucal (evaluación del autor a partir de Funaiole et al. 2024 y Powers-Riggs et al. 2026). El propio CSIS identifica explícitamente el «Atlántico occidental» y el «sureste del Caribe» —espacios en los que se inscribe el dominio marítimo dominicano— como las zonas que la actuación conjunta de ambas estaciones permitiría triangular (Powers-Riggs et al. 2026).

Vectores de amenaza para la seguridad nacional dominicana

De lo anterior se desprende que, aunque el blanco declarado de estas instalaciones sea Estados Unidos, la República Dominicana queda comprendida en su radio de acción de forma estructural, no incidental. Se identifican seis vectores de amenaza diferenciados, ordenados de lo más directo a lo más sistémico.

Interceptación de comunicaciones estatales y militares

El vector más inmediato es la captación de las emisiones radioeléctricas de las instituciones dominicanas. Las Fuerzas Armadas dominicanas, la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza y la Dirección Nacional de Control de Drogas operan, como cualquier Estado, comunicaciones en HF y VHF, especialmente en los dominios marítimo y aeronáutico, donde la alta frecuencia sigue siendo de uso corriente. Una CDAA en El Salao podría geolocalizar y caracterizar estas emisiones, permitiendo el mapeo de los patrones de despliegue, los ciclos de patrullaje y las rutinas de mando dominicanos sin necesidad de comprometer el cifrado. Para un Estado que no dispone de una arquitectura nacional robusta de seguridad de las comunicaciones (COMSEC), esta vulnerabilidad es significativa y persistente.

Vigilancia del dominio marítimo y aéreo

La República Dominicana es un nodo central de las operaciones de interdicción del narcotráfico en el Caribe y coopera estrechamente con la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF-South) y con agencias estadounidenses. La capacidad de una estación adversaria para detectar y geolocalizar el tráfico de comunicaciones asociado a operaciones de interdicción introduce un riesgo de contrainteligencia tangible: la posibilidad de que los patrones operativos sean inferidos y, eventualmente, filtrados a organizaciones criminales transnacionales que mantienen vínculos con regímenes de la región. Más allá del narcotráfico, la vigilancia sistemática del tráfico aéreo y marítimo dominicano (comercial, oficial y militar) erosiona la soberanía informativa del Estado sobre su propio espacio, un perjuicio que existe con independencia de los intereses estadounidenses.

Infraestructura de telecomunicaciones y cables submarinos

La República Dominicana es uno de los principales puntos de amarre de cables submarinos del Caribe. Su territorio acoge sistemas como ARCOS-1, AMX-1 y SAm-1 (seis cables, la mayoría con más de una década de servicio) que enlazan al país con Estados Unidos y Suramérica, y en 2026 se anunció una inversión de unos 500 millones de dólares para triplicar las conexiones directas con territorio estadounidense (Submarine Networks s.f.; DatacenterDynamics 2026). Significativamente, el anillo ARCOS-1 llegó a contemplar un amarre en Cuba, lo que ilustra la interconexión física de la región (Submarine Networks s.f.). Esta centralidad convierte a la República Dominicana en un activo de tránsito de datos cuya integridad interesa a las grandes potencias.

El riesgo se agrava por la penetración de proveedores tecnológicos chinos en la región. Si bien el gobierno de Luis Abinader, tras la visita del secretario Pompeo, declaró que las empresas chinas no operarían en sectores estratégicos como los grandes proyectos portuarios o la futura infraestructura 5G (Ellis 2024), la presencia de equipamiento de origen chino en las redes de telecomunicaciones del país —un patrón común en toda la región— plantea riesgos de cadena de suministro y de interceptación que se entrelazan con la capacidad SIGINT cubana. La combinación de hardware potencialmente comprometido en tierra y de recopilación de señales desde Cuba conforma una amenaza compuesta, no dos amenazas separadas.

El nexo HUMINT–contrainteligencia cubano

La cooperación entre Cuba y China en materia de SIGINT podría no ser sino la punta del iceberg. Los servicios cubanos han construido una de las redes de inteligencia humana (HUMINT) más sofisticadas del hemisferio, históricamente orientada contra Estados Unidos, como ilustran los casos de Ana Montes y del exembajador Manuel Rocha (Funaiole et al. 2024). Cuba ha sido un exportador de capacidades de inteligencia y contrainteligencia a otros regímenes de la región, como demuestra su papel en la edificación del aparato de contrainteligencia militar venezolano (Funaiole et al. 2024). Para la República Dominicana, cuya proximidad geográfica y cultural con Cuba se traduce en densos flujos de personas, esta tradición HUMINT, combinada con una eventual compartición de inteligencia con Beijing, plantea un riesgo de penetración de sus instituciones y de exposición de sus funcionarios que trasciende lo puramente técnico.

Espionaje económico e industrial

La economía dominicana descansa en sectores, q.d., turismo, zonas francas, minería, banca y remesas, altamente sensibles a la interceptación de comunicaciones comerciales. El CSIS ha señalado que, frente a unas comunicaciones militares estadounidenses generalmente cifradas, son las empresas civiles las que resultan más vulnerables al SIGINT (Funaiole et al. 2024). Una economía de servicios y exportación como la dominicana, con actores corporativos de relevancia internacional, ofrece a un adversario un abundante objetivo de inteligencia económica: posiciones negociadoras, datos financieros, propiedad intelectual y planes de inversión. La asimetría comercial con China, cuyas importaciones a la República Dominicana se han multiplicado tras el reconocimiento diplomático de 2018, añade un incentivo estructural para esta forma de recopilación (Ellis 2024).

La República Dominicana como terreno de competencia entre grandes potencias

El vector más sistémico es geopolítico. La intensificación de la presión estadounidense sobre Cuba y Venezuela en 2026 (sanciones, operaciones navales ampliadas en el Caribe e iniciativas como la denominada Operación Southern Spear) ha reconfigurado el Caribe en un teatro de competencia entre grandes potencias (Powers-Riggs et al. 2026; Cibercuba 2026a). La República Dominicana, por su posición, queda en el centro geográfico de esa rivalidad. La continua expansión de las estaciones cubanas, advierte el CSIS, podría convertirse en un punto de fricción a medida que Washington intensifica su campaña de presión, y su estatus podría ser un elemento clave en cualquier negociación futura entre Washington y La Habana (Powers-Riggs et al. 2026). En tal escenario, el territorio, el espacio aéreo y las aguas dominicanas podrían ser objeto de vigilancia incrementada y, en un supuesto de escalada, el país correría el riesgo de verse arrastrado a una dinámica que no ha elegido.

La encrucijada estratégica dominicana

La República Dominicana afronta estas amenazas desde una posición de equilibrio delicado. En mayo de 2018, el gobierno de Danilo Medina rompió relaciones con Taiwán y las estableció con la República Popular China, firmando dieciocho memorandos de entendimiento y acogiendo promesas de inversión en infraestructura, energía y un nuevo puerto en Manzanillo (Ellis 2024; Myers y Barrios 2019). Muchas de aquellas promesas se han materializado solo parcialmente, y el gobierno de Abinader ha adoptado una actitud más cautelosa, vedando a las empresas chinas los sectores estratégicos (Ellis 2024). Aun así, China ha seguido avanzando de forma discreta en cooperación en seguridad y en los sectores digital y eléctrico, y persisten voces que promueven un tratado de libre comercio con Beijing (Ellis 2024).

La tensión es evidente: la República Dominicana mantiene con Estados Unidos su relación de seguridad y comercio más importante, anclada en el DR-CAFTA y en la cooperación antinarcóticos, al tiempo que cultiva vínculos económicos con la potencia cuya arquitectura de inteligencia, asentada en la vecina Cuba, la vigila. Esta dualidad no es sostenible indefinidamente sin una estrategia deliberada. La amenaza SIGINT cubano-china debería incentivar a Santo Domingo a tratar la seguridad de sus comunicaciones y la integridad de su infraestructura crítica no como un favor a Washington, sino como un imperativo de soberanía nacional.

Recomendaciones de política

Las siguientes líneas de acción se proponen proporcionadas a los recursos de un Estado caribeño de tamaño medio y orientadas a reducir la vulnerabilidad sin exigir capacidades de gran potencia.

  • Endurecer la seguridad de las comunicaciones (COMSEC). Priorizar el cifrado de extremo a extremo y la migración de las comunicaciones gubernamentales y militares sensibles desde la radio en HF/VHF hacia canales protegidos por fibra y satélite cifrado, reduciendo la huella radioeléctrica explotable por radiogoniometría.
  • Auditar la cadena de suministro de telecomunicaciones. Realizar un inventario nacional del equipamiento de red de origen chino (Huawei, ZTE y afines) en operadores y en infraestructura crítica, y establecer criterios de seguridad para las adquisiciones futuras, en particular de cara al despliegue de 5G y a la ampliación de los amarres de cable submarino.
  • Proteger los puntos de amarre de cables submarinos. Tratar las estaciones de amarre como infraestructura crítica nacional, con seguridad física y lógica reforzada, dado su valor como nodo de tránsito de datos hacia Estados Unidos y Suramérica.
  • Reforzar la contrainteligencia. Fortalecer las capacidades de contrainteligencia frente a la HUMINT cubana y sus posibles derivaciones hacia terceros, con énfasis en la protección de funcionarios con acceso a información sensible y en la concienciación institucional.
  • Profundizar la cooperación regional en el dominio del espectro y marítimo. Coordinar con Estados Unidos y con socios del Caribe el intercambio de alertas sobre actividad SIGINT adversaria y la conciencia situacional marítima, aprovechando los marcos existentes de cooperación antinarco.
  • Desarrollar conciencia situacional propia mediante fuentes abiertas. Institucionalizar el seguimiento de imágenes satelitales comerciales y análisis de fuentes abiertas, el mismo método empleado por el CSIS, para monitorear de forma autónoma la evolución de El Salao y otras instalaciones de interés, sin dependencia exclusiva de evaluaciones ajenas.
  • Diversificar prudentemente la dependencia tecnológica. Equilibrar los beneficios económicos de la relación con China frente a los riesgos de seguridad, evitando que sectores críticos queden cautivos de proveedores que plantean riesgos de inteligencia.

Reflexión mía

La narrativa pública sobre Bejucal y El Salao ha estado dominada por la relación cubano-estadounidense, y con razón: estas instalaciones miran, en primer término, hacia Florida y hacia los mandos militares del sureste de Estados Unidos. Pero la lente estadounidense oculta una realidad incómoda para Santo Domingo: por su física y su geografía, la radiogoniometría de alta frecuencia desplegada en la Cuba oriental abarca de manera estructural el territorio, el espacio aéreo y las aproximaciones marítimas dominicanas. La amenaza para la República Dominicana no es hipotética ni derivada. Es una consecuencia directa de la ubicación de El Salao, un punto de Cuba peligrosamente cercano a La Española, y de la naturaleza no direccional de las capacidades que allí se han construido.

Mi análisis debe sostenerse, no obstante, sobre una epistemología honesta. El vínculo operativo directo de China con estos sitios sigue siendo una evaluación probable, respaldada por la convergencia de evidencias y por las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses en 2025 y 2026, pero no un hecho probado en el espacio no clasificado. La recopilación efectiva de inteligencia contra blancos dominicanos es, asimismo, mi inferencia analítica derivada de la capacidad y la geografía, mi perspectiva como exintegrante de la Comunidad de Inteligencia y una comprensión amplia de la naturaleza de la amenaza china moderna, no una colección documentada. Esta cautela no disminuye la pertinencia de la amenaza. En materia de seguridad nacional, la prudencia exige planificar frente a capacidades demostradas, no solo frente a casos de espionaje confirmados. Tengan clara una cosa. China busca o cooptarnos por su iniciativa Franja y Ruta, o doblegarnos con las maniobras nefastas de la inteligencia china, . . . política del garrote y la zanahoria en plena vista. Para la República Dominicana, la lección es clara. La seguridad de nuestras comunicaciones y la integridad de la infraestructura crítica son, antes que un alineamiento geopolítico, una cuestión de soberanía que el país haría bien en asumir como propia. NO podemos permitir que nos ninguneen del ‘gran juego’ geopolítico internacional. Ya no somos una república bananera.

C. Constantin Poindexter, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación OSINT CISA/NCISS, Certificación BFFOC del DoD/DoS

Bibliografía

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