RD y Venezuela: la ventana negociadora dominicana

Republica Dominicana, Venezuela, C. Constantin Poindexter Salcedo, diplomacia, MIREX, Cancilleria, dimplomatico

Asimetría, secuenciación y condicionalidad: el margen negociador dominicano ante la normalización con Venezuela.

El 2 de agosto de 2026 las cancillerías de Santo Domingo y de Caracas anunciaron de manera conjunta el inicio de un proceso de normalización gradual de sus relaciones diplomáticas y consulares, sustentado en una hoja de ruta que habrá de desarrollarse de común acuerdo, cuya primera etapa comprende el restablecimiento de los servicios consulares y, ulteriormente, el ascenso hacia la plenitud del vínculo diplomático (MIREX 2026). La parquedad del comunicado no debe confundirse con insustancialidad. Un instrumento que difiere la definición de su contenido a un texto posterior es, precisamente, un instrumento que deja abierta la cuestión del reparto de ganancias. Es en ese diferimiento donde se juega el rendimiento nacional de la operación.

Mi tesis que aquí se sostiene es que la República Dominicana atraviesa una ventana de asimetría negociadora excepcional y perecedera frente a Venezuela, y que el aprovechamiento de esa ventana no depende de la disposición al acercamiento, ya manifiesta en ambas partes, sino del diseño técnico de tres variables: la secuenciación de las concesiones, la condicionalidad jurídicamente exigible y la reversibilidad automática del proceso. Se argumenta, además, que dicha ventana se deprecia con rapidez y que su conversión en obligaciones convencionales debe ser inmediata, so pena de disiparse en gestos de cortesía sin contrapartida.

La coyuntura como momento maduro

La teoría de la madurez negociadora asocia la apertura de oportunidades a la percepción compartida de un estancamiento mutuamente doloroso, del cual las partes buscan salida por vía transaccional (Zartman 2001). La coyuntura venezolana presenta una variante de ese modelo: no hay estancamiento mutuo, sino debilitamiento unilateral de una de las partes. La madurez es, en consecuencia, asimétrica, y el excedente negociador se inclina de manera pronunciada hacia la parte no debilitada.

Cuatro elementos configuran ese debilitamiento. Primero, la deposición de Nicolás Maduro en enero de 2026 mediante operación militar estadounidense y la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, sin mandato electoral propio y, por tanto, con un déficit de legitimidad de origen que solo puede compensarse mediante reconocimiento externo. Segundo, la catástrofe sísmica del 24 de junio, con miles de fallecidos y un daño material aún no cuantificado, concentrado en el estado La Guaira, sede del aeropuerto internacional y del complejo portuario que abastece a Caracas, es decir, en el nodo logístico del cual depende toda reapertura comercial. Tercero, la persistencia de un contingente sustancial de presos políticos cuya excarcelación ha sido apenas simbólica, hecho que constituye a la vez un pasivo reputacional para Caracas y una vara de medición verificable para sus interlocutores. Cuarto, la necesidad imperiosa de alivio sancionatorio y de financiamiento de reconstrucción.

La literatura sobre diplomacia de desastres advierte que las catástrofes rara vez originan procesos diplomáticos nuevos, pero aceleran de modo notable los preexistentes (Kelman 2012). La normalización con Santo Domingo, Lima y Santiago no nació del terremoto; el terremoto comprimió su calendario. La contraparte negocia, pues, bajo apremio temporal, condición que el negociador dominicano debe reconocer y no disipar mediante concesiones anticipadas de buena voluntad.

Poder agregado y poder de negociación

Conviene distinguir el poder estructural agregado del poder de negociación específico. Habeeb (1988) demostró que los Estados débiles obtienen resultados favorables frente a potencias cuando controlan tres variables acotadas al asunto en disputa: disponibilidad de alternativas, intensidad del compromiso con el resultado y control efectivo sobre el recurso disputado. La República Dominicana es muy menor que Venezuela en territorio, población y dotación de hidrocarburos; sin embargo, en las materias hoy sobre la mesa, conectividad aérea y marítima, plataforma logística de reconstrucción, acceso a servicios financieros y legitimación internacional, posee alternativas superiores y control efectivo.

La distinción entre sensibilidad y vulnerabilidad en la interdependencia asimétrica resulta aquí decisiva (Hirschman 1945; Keohane y Nye 2012). Venezuela es vulnerable, no meramente sensible, porque carece de sustitutos de bajo costo para el nodo logístico dañado y para el reconocimiento que necesita. La República Dominicana es a lo sumo sensible: dos años sin relaciones plenas con Caracas no le produjeron daño económico apreciable. Esa disparidad, y no el tamaño relativo de las economías, es la fuente del apalancamiento dominicano.

Inventario de activos negociadores

El primer activo es el reconocimiento y la jerarquía de la representación. En el derecho internacional contemporáneo el reconocimiento de gobiernos ha perdido formalidad pero no consecuencia práctica, y la doctrina moderna subraya que la acreditación de agentes de rango pleno opera como acto de convalidación política aun cuando se declare puramente funcional (Talmon 1998; Crawford 2006). Se trata de un bien indivisible y de un solo uso: una vez concedido el ascenso a nivel de embajador, no puede volver a venderse. Su lugar en la secuencia es, necesariamente, el último.

El segundo activo es la posición geográfica y la capacidad instalada: los puertos y aeropuertos dominicanos, a menos de dos horas de vuelo de Caracas, ofrecen transbordo, almacenamiento y despacho aduanero que Venezuela ha perdido temporalmente. El tercero es el alineamiento con Washington, que confiere a Santo Domingo un peso derivado en la ecuación venezolana; el apalancamiento prestado, sin embargo, es volátil y depende de la voluntad del patrocinador (Levitsky y Way 2010). El cuarto es la credibilidad de la República Dominicana como sede de diálogo político venezolano, acreditada por los procesos de 2017 y 2018. El quinto es el acervo migratorio: alrededor de cien mil venezolanos residen en territorio dominicano, con una proporción elevada de irregularidad migratoria (R4V 2025; OIT 2024), lo que convierte la documentación y readmisión de nacionales en un asunto de interés dominicano directo.

Prelación de la agenda sustantiva

La secuencia importa tanto como el contenido. La investigación sobre acuerdos de readmisión muestra que estos instrumentos se obtienen únicamente en ventanas de dependencia del Estado de origen, y que su costo se eleva de manera abrupta cuando la contraparte recupera alternativas diplomáticas (Cassarino 2007). La readmisión, la emisión expedita de documentos y la aceptación incondicional de nacionales retornados deben, por tanto, encabezar la agenda: son concesiones de bajo costo político para Caracas y de alto valor administrativo para Santo Domingo.

En segundo lugar corresponde situar la verificación y el calendario de pago de las acreencias comerciales pendientes en favor de exportadores dominicanos, estructuradas como condición suspensiva del ascenso diplomático y no como aspiración programática. En tercer lugar, el convenio bilateral de servicios aéreos, cuyo momento óptimo de negociación es aquel en que la contraparte dispone del menor número de socios alternativos; los principios de reciprocidad y de intercambio equilibrado de derechos que informan la regulación económica del transporte aéreo internacional admiten configuraciones muy distintas según la posición relativa de las partes (OACI 2008). En cuarto lugar, la contratación de reconstrucción, mediante un memorando que reconozca a las firmas dominicanas la condición de oferentes calificados y designe la infraestructura dominicana como plataforma de acopio y despacho, con corredor aduanero preferencial. Este último punto arrastra un mercado accesorio de fianzas de cumplimiento y de anticipo, seguros de crédito y cobertura de riesgo político cuya asignación tiende a consolidarse en los primeros dieciocho meses de todo programa de reconstrucción.

En quinto lugar figura la cooperación penal y financiera. La reapertura de canales con una jurisdicción de alto riesgo expone al sistema financiero dominicano a la contracción de relaciones de corresponsalía, fenómeno cuyos determinantes y costos han sido documentados con detalle (Erbenová et al. 2016). Todo avance comercial debe, por tanto, acompañarse de compromisos verificables en materia de intercambio de información, rastreo de activos y cooperación en extradición. En sexto lugar, las salvaguardas consulares y diplomáticas: el derecho convencional autoriza expresamente al Estado receptor a exigir que el número de miembros de una misión se mantenga dentro de límites razonables, a fijar el número de empleados consulares y a conceder o denegar el exequátur, facultades que deben ejercerse de modo explícito en la hoja de ruta y no dejarse a la práctica ulterior (Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas 1961, arts. 11 y 27; Convención de Viena sobre Relaciones Consulares 1963, arts. 12 y 20).

Arquitectura jurídica de la condicionalidad

El modelo de incentivos externos establece que la condicionalidad produce cumplimiento cuando concurren cinco atributos: determinación de las condiciones, credibilidad de la recompensa y de la amenaza, magnitud suficiente del beneficio, celeridad en su entrega y costo de adaptación soportable para el destinatario (Schimmelfennig y Sedelmeier 2004). Trasladado al caso, ello impone redactar la hoja de ruta con técnica contractual y no con retórica de comunicado: hitos fechados, indicadores verificables por terceros, condiciones suspensivas expresas y ausencia total de lenguaje de mejores esfuerzos.

La credibilidad de la amenaza exige, además, un mecanismo de reversión automática que opere sin necesidad de nueva decisión política, al modo de las cláusulas de restablecimiento incorporadas al régimen del Consejo de Seguridad en la Resolución 2231 (2015). El incumplimiento de un hito debe producir por sí mismo el retorno al nivel de encargado de negocios, sin que la parte dominicana tenga que asumir el costo diplomático de una ruptura discrecional. Complementariamente, la exigencia de aprobación congresual de los instrumentos convencionales opera como mecanismo de atadura de manos que fortalece la posición negociadora al reducir de modo creíble el margen de concesión del ejecutivo (Schelling 1960; Putnam 1988; Fearon 1997).

En cuanto al contenido político, la experiencia comparada de las transiciones desde el autoritarismo aconseja anclar las garantías en compromisos observables y calendarizados antes que en declaraciones de principio, pues los actores del régimen saliente conservan capacidad de reversión mientras controlan los aparatos coercitivos (O’Donnell y Schmitter 1986). Un calendario electoral con observación internacional acreditada y la excarcelación verificada de presos políticos son indicadores auditables; la invocación genérica de la democracia, no.

Límites del apalancamiento y riesgo de sobreextensión

Dos advertencias acotan lo anterior. La primera concierne a la memoria de las relaciones asimétricas: la parte menor atiende de modo intenso y sostenido a la conducta de la mayor, mientras esta tiende a la desatención, y de esa disparidad perceptiva nacen los agravios duraderos (Womack 2016). Una Venezuela con producción de hidrocarburos restablecida vuelve a ser, en el mediano plazo, actor regional de primer orden. La estrategia dominicana debe extraer concesiones estructurales y duraderas, tratados de readmisión, derechos aerocomerciales y acceso a contratación, y abstenerse de gestos de subordinación de rédito efímero y costo prolongado.

La segunda advertencia es de orden fiscal e histórico. El financiamiento energético concesional venezolano fue, durante dos décadas, un instrumento de compra de alineamiento político antes que un mecanismo de cooperación (Corrales y Penfold 2015). La República Dominicana conoce el desenlace: al cierre de diciembre de 2014 adeudaba a Petróleos de Venezuela US$4,123.8 millones por el Acuerdo de Petrocaribe, pasivo extinguido en enero de 2015 mediante recompra del 98% del saldo con descuento de 52%, desembolso neto de US$1,933.2 millones y reducción inmediata de la deuda pública equivalente a 3.3% del PIB (Ministerio de Hacienda 2015; CEPAL 2016). La operación fue financieramente exitosa, pero solo porque corrigió una exposición que nunca debió acumularse. Cualquier oferta de suministro en condiciones concesionales debe evaluarse, en consecuencia, como pasivo soberano diferido y no como cooperación.

Mi Opinión

La normalización con Venezuela no es, en sí misma, un error de política exterior; la ausencia de canales institucionales perjudica a los nacionales de ambos Estados y priva a Santo Domingo de instrumentos de gestión migratoria y de seguridad. El error posible es de método, no de dirección. Consiste en confundir gradualidad con indeterminación, en conceder jerarquía diplomática antes que obtener contrapartidas exigibles, y en tratar como gesto de amistad lo que es, en rigor, una transacción entre partes de poder desigual y de intereses divergentes.

La ventana de asimetría que hoy favorece a la República Dominicana se cerrará conforme Caracas restablezca su producción petrolera y multiplique sus interlocutores. El imperativo, por tanto, es de conversión y de plazo: transformar una posición coyuntural de fuerza en texto convencional vinculante, con hitos verificables y reversión automática, dentro del horizonte en que esa fuerza aún existe. La diplomacia de un Estado pequeño no se mide por la magnitud de sus recursos, sino por la precisión con que identifica y agota sus ventanas.

C. Constantin Poindexter Salcedo, MA en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, JD, certificación OSINT CISA/NCISS, Diplomado Negociación Estratégica de Harvard, Certificación BFFOC del DoD/DoS

Bibliografía

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Trump nos ha jodido; Ormuz en Llamas y R.D. perjudicada

republica dominicana, iran, estrecho de ormuz, seguridad nacional, guerra, diplomacia, inteligencia, C. Constantin Poindexter Salcedo

La Guerra contra Irán y sus Efectos Devastadores sobre la Economía de la República Dominicana

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar contra Irán que transformó de manera abrupta el panorama energético mundial. La decisión del presidente Donald Trump de iniciar esta campaña bélica, tomada sin agotar las vías diplomáticas disponibles, ha provocado la mayor disrupción del suministro petrolero global desde la crisis de Suez de 1956 (Al Jazeera, 2026). El cierre prácticamente total del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, ha generado un shock de precios que amenaza con sumir a las economías importadoras de crudo en una espiral inflacionaria severa. Para la República Dominicana, un país que no produce petróleo y que depende completamente de las importaciones de hidrocarburos para mover su economía, las consecuencias de este conflicto son potencialmente catastróficas.

Aquí reviso las múltiples dimensiones del impacto económico que la guerra con Irán tiene sobre el pueblo dominicano, desde el encarecimiento inmediato de los combustibles hasta las amenazas estructurales al turismo, la seguridad alimentaria y la estabilidad fiscal del Estado. Mi argumento central es que la República Dominicana, por su condición de importador neto de energía y su limitada capacidad de almacenamiento estratégico, se encuentra en una posición de vulnerabilidad extrema que podría traducirse en un deterioro significativo de la calidad de vida de millones de dominicanos.

El Contexto Global: Un Shock Energético sin Precedentes

La magnitud de la crisis energética desatada por la guerra es difícil de exagerar. Desde el inicio del conflicto, el precio del crudo Brent ha subido aproximadamente un 80%, pasando de alrededor de $70 por barril a niveles cercanos a los $110, con picos que han tocado los $120 (Fortune, 2026; CNBC, 2026a). Esta volatilidad extrema se explica por la paralización casi total del tránsito marítimo a través del Estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circulan diariamente más de 20 millones de barriles de petróleo, equivalentes a una quinta parte del consumo global (Al Jazeera, 2026). Los ataques iraníes contra buques, la colocación de minas navales y las interferencias con equipos de navegación han forzado a la mayoría de los operadores a anclar sus embarcaciones en los extremos del estrecho en lugar de arriesgarse a cruzarlo.

La respuesta internacional no ha logrado contener el daño. La Agencia Internacional de Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, la mayor operación de este tipo en su historia, y Estados Unidos se comprometió a liberar 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica de Petróleo (CNBC, 2026b). Sin embargo, estas medidas han tenido un efecto limitado sobre los precios. Analistas de firmas como Onyx Capital Group y UBS advierten que si el conflicto se prolonga, los precios podrían escalar hasta los $200 por barril, un escenario que transformaría esta crisis energética en una recesión global (CNBC, 2026c).

La Vulnerabilidad Estructural de la República Dominicana

La República Dominicana no produce petróleo, gas natural ni carbón, lo que la obliga a acudir a los mercados internacionales para satisfacer la totalidad de su demanda energética (Comisión Nacional de Energía, 2022). En 2024, las importaciones petroleras del país ascendieron a más de $5,100 millones de dólares, según datos de la Dirección General de Aduanas (El Dinero, 2025). El economista Andy Dauhajre ha señalado que el país importó alrededor de $4,700 millones en combustibles, y que un aumento del 40% en el precio del crudo representaría un impacto negativo de aproximadamente $2,000 millones para la economía nacional (Proceso, 2026). Esta cifra es particularmente alarmante si se considera que desde la desaparición del acuerdo Petrocaribe en 2017, el país debe pagar el 100% de sus importaciones de combustibles sin ningún tipo de financiamiento preferencial.

A esta dependencia se suma la escasez de reservas estratégicas. Según datos citados por Diario Libre, las reservas de combustibles de la Refinería Dominicana de Petróleo (Refidomsa) cubrirían apenas 30 días de consumo interno si se produjera una interrupción súbita en las importaciones (7Días, 2026). Treinta días es un margen peligrosamente estrecho en un contexto donde el transporte marítimo internacional está severamente comprometido y donde no existe certeza alguna sobre cuándo se normalizarán las rutas de suministro.

Inflación, Costo de Vida y el Golpe a los Más Vulnerables

El petróleo caro no se queda en la bomba de gasolina. Como ha señalado un análisis publicado por Pipex Radio Noticias (2026), en una economía abierta e importadora como la dominicana, el encarecimiento del crudo se transmite a través de múltiples canales: el transporte marítimo, la logística interna, las materias primas industriales, la generación eléctrica y los insumos agrícolas. El economista Henry Hebrard ha advertido que el incremento en el precio de las materias primas derivadas del petróleo termina encareciendo indirectamente los costos de prácticamente toda la actividad productiva del país (N Digital, 2026a).

El Gobierno dominicano ya tomó medidas parciales: la semana del 14 al 20 de marzo de 2026 se dispuso un aumento de RD$5.00 por galón en las gasolinas y el gasoil, mientras se mantiene congelado el precio del GLP mediante un subsidio semanal de RD$1,189.8 millones (N Digital, 2026b). Pero estos subsidios tienen un límite. El presupuesto de 2026 contempla apenas 8 mil millones de pesos para subsidiar combustibles, una cifra que se está agotando a un ritmo acelerado. Si la crisis se extiende, el Estado enfrentará el dilema de aumentar la deuda pública para financiar subsidios o trasladar el costo directamente al consumidor, con consecuencias inflacionarias devastadoras.

El impacto de esta dinámica es profundamente desigual. Mark Zandi, economista jefe de Moody’s, ha explicado que el aumento en los precios de la gasolina funciona como un impuesto regresivo, porque los hogares de menores ingresos dedican una proporción mucho mayor de su presupuesto a la energía (CNBC, 2026d). En un país como la República Dominicana, donde amplios segmentos de la población viven con ingresos limitados y donde el transporte público depende casi exclusivamente del gasoil, el encarecimiento de los combustibles golpea con particular dureza a quienes menos herramientas tienen para absorber el shock. Francisco Monaldi, del Baker Institute de la Universidad de Rice, ha señalado que países como República Dominicana simplemente no tienen la capacidad fiscal para sostener subsidios prolongados, por lo que inevitablemente deben trasladar el impacto a los consumidores (CNN en Español, 2026).

Amenazas al Turismo y la Generación Eléctrica

El turismo, pilar fundamental de la economía dominicana y fuente principal de divisas, enfrenta una amenaza directa. El cierre del espacio aéreo sobre gran parte de Medio Oriente, combinado con el aumento vertiginoso del precio del combustible para aviación, ha provocado que numerosas aerolíneas incrementen los precios de sus boletos o cancelen rutas (Wikipedia, 2026). Si el costo de volar al Caribe aumenta significativamente, la demanda turística podría contraerse justo cuando el país más necesita los dólares que genera el sector.

Por otro lado, la generación eléctrica dominicana mantiene una dependencia considerable de los combustibles fósiles. Aunque la matriz energética se ha diversificado en años recientes, con el gas natural licuado pasando de suplir el 24% de la generación en 2019 al 41% en 2024 (AES, 2025), y las renovables alcanzando el 23% de la capacidad instalada (Ministerio de Energía y Minas, 2025), el sistema sigue expuesto al costo de los hidrocarburos importados. Un encarecimiento sostenido del crudo y del GNL se traduciría en mayores transferencias estatales al sector eléctrico o en aumentos de tarifa que agravarían la presión sobre los hogares y las empresas.

La Respuesta del Gobierno y sus Límites

El ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, ha asegurado que el Gobierno cuenta con las herramientas necesarias para proteger la economía, citando el financiamiento anticipado del presupuesto, la posibilidad de redistribuir partidas y la buena credibilidad crediticia del país en los mercados internacionales (Hoy, 2026). Sin embargo, estas garantías oficiales contrastan con las advertencias de economistas independientes. Hebrard ha dejado claramente establecido que la economía dominicana no resistiría un escenario prolongado del conflicto, y que el margen fiscal para absorber el impacto a través de subsidios es limitado (N Digital, 2026a). Dauhajre, por su parte, ha insistido en que la presión inflacionaria podría escalar y forzar aumentos en las tasas de interés, lo que desaceleraría aún más la actividad económica (Proceso, 2026).

El problema de fondo es que la República Dominicana llegó a esta crisis sin las reservas estratégicas de combustibles ni los mecanismos de cobertura de riesgo que podrían haber amortiguado el golpe. A diferencia de los países miembros de la Agencia Internacional de Energía, que cuentan con reservas de emergencia equivalentes a meses de consumo, Refidomsa apenas almacena para un mes. Esta realidad desnuda una debilidad estratégica que trasciende la crisis actual y que plantea preguntas serias sobre la planificación energética de largo plazo del país.


La guerra contra Irán iniciada por la administración Trump constituye un GRAN error geopolítico cuyas consecuencias se extienden mucho más allá del campo de batalla. Para la República Dominicana, el conflicto representa una tormenta perfecta, . . . un país sin producción petrolera, con reservas de apenas treinta días, una factura de importación de miles de millones de dólares, un sector eléctrico dependiente de combustibles fósiles y un turismo vulnerable al encarecimiento de los vuelos internacionales. El costo lo pagarán, como siempre, los sectores más vulnerables de la sociedad dominicana: los hogares de bajos ingresos que destinan la mayor proporción de su presupuesto a la energía y al transporte.

La crisis actual debe servir como llamada de atención. República Dominicana necesita con urgencia ampliar sus reservas estratégicas de combustibles, acelerar la transición hacia fuentes de energía renovables, diversificar las rutas de aprovisionamiento y diseñar mecanismos financieros de cobertura contra shocks petroleros. La dependencia total de un mercado internacional sujeto a las decisiones imprudentes de actores externos no es sostenible. Como bien dijo nuestro tamaño figura Juan Bosch, y como recuerda el economista Domingo Núñez Polanco, “Las guerras son fáciles de comenzar, pero muy difíciles de terminar” (Domingo La Revista, 2026). Digo yo, no sin un chin de cólera, el pueblo dominicano no inició esta idiotez, pero estaremos pagando sus consecuencias.

C. Constantin Poindexter Salcedo, M.A. en Inteligencia, Certificado de Posgrado en Contrainteligencia, J.D., certificación CISA/NCISS OSINT, Certificación U.S. DoD/DoS BFFOC, Dipl. Diplomacia Global, Dipl. Derechos Humanos por USIDHR

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  • Proceso. (2026, 12 de marzo). Economista Andy Dauhajre advierte precios del petróleo podrían presionar la inflación en RD. Proceso. https://proceso.com.do/2026/03/12/economista-andy-dauhare-advierte-precios-del-petroleo-podrian-presionar-la-inflacion-en-rd/
  • 7Días. (2026, 5 de marzo). Reservas de combustibles de RD: ¿qué pasaría ante crisis? 7Días. https://7dias.com.do/2026/03/05/republica-dominicana-solo-tiene-reservas-de-combustibles-para-un-mes-en-medio-de-la-crisis-del-petroleo/
  • Wikipedia. (2026). Economic impact of the 2026 Iran war. Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Economic_impact_of_the_2026_Iran_war
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