América Latina y el Caribe enfrentan una convergencia de factores que la convierten en la región con el crecimiento más acelerado de ciberataques a nivel global. Examino la evidencia cuantitativa disponible, analizo las causas estructurales del fenómeno y evalúo la brecha entre la velocidad de las amenazas y la madurez institucional de la región en materia de ciberseguridad. A partir de reportes de organismos multilaterales y empresas especializadas, yo argumento que el problema trasciende lo técnico para constituir un desafío de gobernanza, inversión pública y desarrollo.
I. El panorama cuantitativo: cifras que no admiten matices
En diciembre de 2025, las organizaciones latinoamericanas recibieron en promedio 3,065 ataques cibernéticos semanales por entidad, el mayor volumen y el mayor incremento interanual (+26%) registrado en cualquier región del mundo durante ese período (Check Point Research, 2026). Para contextualizar la magnitud de este dato: el promedio global fue de 2,027 ataques semanales, con un crecimiento del 9% año contra año. América Latina no solo superó este promedio en un 51%, sino que lo hizo acelerándose, cuando otras regiones crecían de forma más moderada.
Esta no es una anomalía puntual. En el segundo trimestre de 2024, el mismo proveedor registró para la región un incremento del 53% interanual , el más alto del mundo en ese período, alcanzando 2,667 ataques semanales por organización (Check Point Research, 2024). La tendencia es, por tanto, estructural.
El fenómeno del ransomware, el tipo de ataque que encripta datos y exige rescate económico, reviste particular gravedad. SonicWall documentó un incremento del 259% en ataques de ransomware contra organizaciones latinoamericanas durante 2024, frente a un alza del 8% en América del Norte (SonicWall, 2025). Paralelamente, la firma de inteligencia Intel 471 registró en 2025 más de 450 eventos de brecha relacionados con ransomware en la región — un alza del 78% respecto al año anterior — con el número de variantes activas pasando de 48 a 79 (Intel 471 / Industrial Cyber, 2026). Brasil concentró el 30% de las víctimas identificadas, México el 14% y Argentina el 13%.
Los datos de Kaspersky añaden otra capa de gravedad al panorama corporativo: entre octubre de 2023 y octubre de 2024, la firma bloqueó 268,3 millones de ataques de malware contra empresas latinoamericanas, incluyendo 560.000 incidentes de ransomware y más de 262 millones de intentos de phishing (Kaspersky, 2024). El phishing registra más de 721.000 bloqueos diarios en la región, reflejo de su simplicidad operativa y alta efectividad para el fraude bancario y el robo de información corporativa.
II. Las causas estructurales: por qué LATAM es tan vulnerable
Los datos cuantitativos describen el síntoma. La explicación del fenómeno exige analizar las condiciones estructurales que hacen de América Latina un entorno particularmente atractivo para los actores maliciosos. Estas causas operan en tres dimensiones simultáneas: la paradoja de la digitalización, la brecha de gobernanza institucional, y el déficit de capital humano especializado.
La pandemia de COVID-19 actuó como acelerador extraordinario de la transformación digital en una región que partía de niveles bajos de conectividad. La proliferación del acceso a banda ancha, la expansión del comercio electrónico y la digitalización de servicios gubernamentales expandieron dramáticamente la superficie de ataque disponible para los cibercriminales. El problema, documentado por el informe de ciberseguridad 2025 del BID/OEA, es que esta digitalización ha superado el desarrollo de medidas efectivas de ciberseguridad, dejando las iniciativas y políticas en etapas tempranas (BID/OEA/GCSCC-Oxford, 2025). América Latina y el Caribe tienen algunas de las tasas más altas del mundo en uso de smartphones, redes sociales y comercio electrónico, pero las estrategias de ciberseguridad no han crecido en proporción.
La brecha de gobernanza institucional es igualmente reveladora. En 2020, solo 12 estados latinoamericanos contaban con una estrategia nacional de ciberseguridad (BID/OEA/GCSCC-Oxford, 2025). El reporte de Digi Americas Alliance y Duke University (2024) encontró que apenas 7 de los 32 países de la región tienen planes operativos para proteger su infraestructura crítica de ciberataques, y solo 20 cuentan con Equipos de Respuesta a Incidentes de Seguridad Informática (CSIRTs) (Digi Americas Alliance / Duke University, 2024). Sin regulación efectiva, sin mecanismos de reporte obligatorio y sin coordinación entre sectores público y privado, las organizaciones operan sin estándares mínimos y los incidentes quedan sistemáticamente subnotificados.
El déficit de capital humano completa el cuadro. El BID/OEA identifica como una de las brechas más persistentes la escasez de profesionales calificados en ciberseguridad y la inconsistencia en la asignación presupuestaria (BID/OEA/GCSCC-Oxford, 2025). Según Aon (2025), el puntaje de preparación cibernética de las empresas latinoamericanas fue de 2.59 sobre 4 en 2024 — entre “básica” y “gestionada” — ligeramente por debajo del promedio global de 2.71. Las áreas más rezagadas son la gestión de riesgos de terceros, la seguridad de aplicaciones y la resiliencia operativa. Esta combinación de instituciones débiles, fuerza laboral insuficiente e inversión fragmentada crea un entorno donde los atacantes encuentran resistencia mínima.
III. Actores, vectores y la economía del crimen digital
La comprensión del problema requiere también caracterizar quiénes atacan y cómo lo hacen. Intel 471 documenta para 2025 una diversificación notable del ecosistema de amenazas en la región: grupos de ransomware como Qilin, Akira, SafePay y The Gentlemen operan bajo el modelo de Ransomware-as-a-Service (RaaS), que reduce la barrera técnica de entrada al poner infraestructura criminal al alcance de actores de menor capacidad técnica a cambio de un porcentaje de los rescates (Intel 471 / Industrial Cyber, 2026). Este modelo democratizó el crimen cibernético, convirtiendo lo que antes requería sofisticación técnica en un negocio con costo de entrada desde 40 dólares (Mordor Intelligence, 2025).
SonicWall reporta que en el 61% de los casos, los atacantes explotan nuevas vulnerabilidades dentro de las 48 horas de su divulgación pública, mientras que las organizaciones tardan en promedio entre 120 y 150 días en aplicar un parche (SonicWall, 2025). Esta brecha de más de cuatro meses es, en esencia, una ventana de vulnerabilidad garantizada. El costo promedio de un ataque de ransomware alcanzó los $850,700 en pagos durante 2024, con pérdidas totales que frecuentemente superan los $4,91 millones al incluir tiempo de inactividad y recuperación.
La actividad no se limita a grupos externos. Intel 471 documentó en 2025 al menos 119 ataques hacktivistas en 15 países de la región, y más de 200 “initial access brokers”, actores que comprometen redes y venden el acceso a terceros, operando activamente en LATAM (Intel 471 / Industrial Cyber, 2026). Positive Technologies (2025) añade que el 26% de los anuncios en foros clandestinos de la región involucra la venta de credenciales de acceso a infraestructura corporativa comprometida, sugiriendo una economía del compromiso altamente activa y organizada.
IV. Señales de progreso y la paradoja del optimismo
Sería inexacto presentar el panorama como exclusivamente sombrío. El reporte del BID/OEA de 2025, el más exhaustivo realizado hasta la fecha, cubriendo 30 países con el Cybersecurity Capacity Maturity Model for Nations (CMM), documenta mejoras en las cinco dimensiones evaluadas desde 2020, y señala que la brecha de madurez entre países se ha reducido (BID/OEA/GCSCC-Oxford, 2025). Existen casos notables de avance regulatorio: Chile promulgó en marzo de 2024 la Ley de Ciberseguridad e Infraestructura Crítica, creando una Agencia Nacional de Ciberseguridad y un Consejo Multisectorial; Brasil y Colombia han avanzado en marcos de protección de datos y en la creación de capacidades de respuesta a incidentes (Aon, 2025).
Sin embargo, el BID/OEA advierte que la mejora en los indicadores de madurez no equivale a reducción del riesgo, dada la velocidad con que evoluciona el entorno de amenazas. Áreas críticas como la calidad del software, la protección de infraestructura crítica, el mercado de seguros cibernéticos y la inversión en investigación e innovación siguen subdesarrolladas. El patrón regional dominante, documentado por el World Economic Forum (2024), es reactivo: los países fortalecen sus defensas después de sufrir ataques devastadores, no antes. El ataque del grupo Conti al Ministerio de Hacienda de Costa Rica en 2022, que forzó una declaración de emergencia nacional, es el caso emblemático de esta lógica.
V. Implicaciones y perspectivas: un problema de desarrollo, no solo de tecnología
La ciberseguridad en América Latina es, en última instancia, un problema de desarrollo. La misma digitalización que permite a la región conectarse al comercio global, ampliar el acceso a servicios financieros y mejorar la entrega de servicios públicos, también expone a sus ciudadanos, empresas e instituciones a actores que operan sin las restricciones institucionales que existen en mercados más maduros. Las oportunidades de la digitalización y los riesgos del cibercrimen son las dos caras de la misma moneda.
Las recomendaciones que emergen de la literatura son consistentes: inversión sostenida en capital humano especializado, marcos regulatorios con reporte obligatorio de incidentes, sistemas centralizados de coordinación de respuesta, alianzas público-privadas con mecanismos de intercambio de inteligencia, e integración de la ciberseguridad como prioridad explícita en las agendas de desarrollo nacional (BID/OEA/GCSCC-Oxford, 2025; Digi Americas Alliance/Duke University, 2024; WEF, 2024). No se trata de soluciones técnicas, sino de decisiones políticas sobre qué tipo de infraestructura digital se quiere construir y a qué costo social se está dispuesto a operar sin ella.
La advertencia de Intel 471 es la más contundente para cerrar este análisis: en ausencia de mejoras significativas en cumplimiento regulatorio, cooperación público-privada e intercambio regional de información, América Latina tiene altas probabilidades de consolidarse no solo como objetivo prioritario del crimen cibernético, sino también como plataforma de exportación de este crimen hacia el resto del mundo (Intel 471 / Industrial Cyber, 2026). La pregunta no es si la región puede permitirse invertir en ciberseguridad. Es si puede permitirse no hacerlo.
Bibliografía
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- Check Point Research. (2024, julio 16). Check Point Research reports highest increase of global cyber attacks seen in last two years — a 30% increase in Q2 2024. Check Point Blog. https://blog.checkpoint.com/research/check-point-research-reports-highest-increase-of-global-cyber-attacks-seen-in-last-two-years-a-30-increase-in-q2-2024-global-cyber-attacks/
- Check Point Research. (2026, enero 13). Latin America sees sharpest rise in cyber attacks in December 2025 as ransomware activity accelerates. Check Point Blog. https://blog.checkpoint.com/research/latin-america-sees-sharpest-rise-in-cyber-attacks-in-december-2025-as-ransomware-activity-accelerates/
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- Intel 471. (2026, febrero). Latin America threat landscape 2025: Ransomware, hacktivism, fraud and state-linked operations. Recuperado vía Industrial Cyber. https://industrialcyber.co/reports/latin-america-sees-sharp-rise-in-ransomware-hacktivist-attacks-in-2025-amid-expanding-fraud-and-phishing-threats/
- Inter-American Development Bank (IDB), Organization of American States (OAS), & Global Cyber Security Capacity Centre (GCSCC) — University of Oxford. (2025). 2025 Cybersecurity Report: Vulnerability and Maturity Challenges to Bridging the Gaps in Latin America and the Caribbean. IDB Publications. https://doi.org/10.18235/0013872
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- World Economic Forum. (2024, mayo). What Latin America can teach us on resilient cybersecurity. WEF Centre for Cybersecurity. https://www.weforum.org/stories/2024/05/latin-america-cybersecurity-report-ransomware-attacks/
